por S. Stuart Park
Simplex, simplicis en latín significa ‘simple, no afectado, sencillo’, y lo considero un encomio tanto en la exposición de la Palabra como en el arte de la escritura.
La simplicidad consiste, entonces, en ocultar, en borrar en esta victoria todos los preparativos y andamiajes anteriores, de modo que la libre belleza parezca surgir sin obstáculo, como un chorro de agua.
No conozco palabras que mejor retraten la excelencia expositiva de mi maestro y mentor en los primeros años de mi propia formación espiritual, el Dr. David W. Gooding, autor de libros fundamentales, algunos de los cuales han sido editados en castellano por Publicaciones Andamio.
David Willoughby Gooding (nacido en 1925) es catedrático emérito del Antiguo Testamento en griego en la Queen´s University de Belfast, y miembro de la Royal Irish Academy. Ha publicado estudios académicos sobre la Septuaginta y las narrativas del Antiguo Testamento, así como exposiciones de Lucas, Juan 13-17, Hechos, Hebreos, y el uso del Antiguo Testamento en el Nuevo. Durante las décadas de 1980 y 1990 tuvo un interés particular en los países de la antigua Unión Soviética y participó en la redacción de artículos que defendían y promovían el cristianismo en esos países.
Un hombre risueño y cercano, su vasta erudición se traducía en exposiciones luminosas, asequibles, adornadas por ilustraciones familiares tomadas de la vida cotidiana, aparentemente simples, pero esclarecedoras siempre y memorables. Si en alguna ocasión vio necesario explicar un término griego o hebreo, solía invitar a sus oyentes a ‘dar una cabezadita’ hasta que terminara, y no hacía alarde nunca de sus conocimientos.
Tuve ocasión de pasar tiempo con él en Cambridge, en Madrid, en Irlanda del Norte, y el impacto de su conversación, en alguien tan absolutamente bisoño e ignorante como yo, ha marcado de manera indeleble mi manera de pensar, por motivos que explicaré.
Recuerdo que en una ocasión, después de escuchar absorto mientras comentaba asuntos de la Biblia en el salón de su casa en Belfast, terminamos en la cocina a las tres de la mañana, y me fui a la cama rendido de sueño con la cabeza llena de ideas novedosas para mí. Al día siguiente en el desayuno, mi anfitrión tenía la frescura y el sentido de humor que le caracterizaban siempre. Para mi asombro, su hermana me dijo en privado: «es tan disciplinado que si se acuesta tarde y tiene un trabajo pendiente que no ha podido terminar, recuperará ese tiempo trabajando hasta altas horas de la madrugada, sin falta». No sé si era una indirecta, o no, aunque no lo interpreté como tal, sino tan solo como un reconocimiento admirado de su sentido de la responsabilidad.
Sucede en esto como en las maneras de un hombre bien educado, quien en todo lo que hace y dice se muestra simple, libre y natural, cualidades que parece poseer por un don de la naturaleza y que son, sin embargo fruto de una educación perfecta.
Lo que aprendí del Dr. Gooding ocupará la próxima entrega.