por S. Stuart Park
Podrás suspirar aliviado, querido lector, querida lectora, porque me iba a lanzar a comentar el concepto de tipología, malentendido en algunos círculos, pero fundamental para la comprensión de la Biblia.
Me ha parado en seco un pequeño susto vivido esta mañana, pues no vi a los mirlos en el jardín y pensé que les había pasado algo, dejando a sus crías abandonadas en el nido. ¡Qué alivio cuando de repente volvieron a aparecer! Pero en esos momentos cuando el jardín amaneció silente, vacío, temí lo peor, y me embargó una sensación de pena profunda.
Vino a mi mente un poema de Jiménez Lozano que refleja este sentimiento de desolación:
Un nido devastado, el mundo
ya no estará completo
nunca.
(‘Destrucción’, Elogios y celebraciones).
Y este:
Un gorrioncillo muerto
pesa lo que un ángel en la mano;
como una montaña inmensa,
en el ánima.
(‘Gorrioncillo’, Pájaros).
Claro está que solo un pequeño porcentaje de los pájaros que nacen van a sobrevivir, por eso hay dos o tres puestas por temporada para mantener los números de la especie en equilibrio. La edad media de un mirlo es de dos años y medio, aunque un ejemplar anillado llegó a cumplir más de veinte primaveras, un verdadero Matusalén del mundo aviar. Con todo, la muerte y la destrucción, la pérdida y la soledad, forman parte de nuestro mundo, una cuestión que también conviene encarar.
Mientras tanto, una nueva alegría nos ha dado este verano tan entretenido: una familia de pájaros muy bonitos ha frecuentado el albaricoquero con su canto dulce y delicado,
Chloris chloris, de la familia
Fringillidae: el verde verderón. Juan Ramón lo llama ‘verde verderol’. Comienza así:
Verde verderol
¡endulza la puesta del sol!
Palacio de encanto,
el pinar tardío
arrulla con llanto
la huida del río.
Allí el nido umbrío
tiene el verderol.
Verde verderol
¡endulza la puesta del sol!
Nos hemos distraído un rato. Pero volveremos a hablar de hermenéutica bíblica.
¡Caveat lector! Quien avisa no es traidor.