por S. Stuart Park
Yo sé que mi Redentor vive -confesó Job en medio de su angustia-, y sus palabras inspiraron una de las más hermosas arias del Mesías de Händel, que mi padre escuchaba por la BBC cada víspera de Navidad.
‘
Redentor’ traduce la palabra hebrea Göel, que significa algo así como ‘
el pariente próximo que redime’, y el pequeño libro de Rut ilustra su significado a la perfección. Viene de la ley del levirato (levir = cuñado) por la que un pariente próximo era llamado a casarse con la viuda, levantar descendencia y redimir la propiedad de un familiar difunto.
Después del tormento de Job nos viene bien tomar un respiro y adentrarnos en la bucólica atmósfera de una de las joyas literarias de la Biblia. El autor alemán
Johan Wolfgang von Goethe la consideró «
idílica y hermosa» y pocos discreparían de su valoración. Rut es una historia de amor, aunque esconde un drama que no nos es ajeno hoy, y pertenece por derecho propio a la historia de la Salvación. La escena central de Rut, cuando la moabita se acuesta de noche en la era al lado de su pariente Booz para pedirle matrimonio –que para algunos ha parecido de dudosa moralidad–, nos adentra, por tanto, en el misterio de Redención y representa uno de los momentos de mayor belleza de toda la Escritura.
El libro de Job confirmó para mí la lectura cristológica de la Biblia, la idea de que sus historias tienen como punto de referencia a Cristo. Al mismo tiempo, las historias bíblicas encuentran eco en el Edén, donde el error de la primera pareja dio origen a la historia de la Redención. El propio Job es una suerte de Adán que cae en la desgracia más absoluta antes de ser vindicado por su divino Redentor, y con esto en mente, abordé la historia de Rut.
Aún recuerdo el caluroso mediodía del mes de julio en Valladolid en 1992 cuando tomé la curva a la entrada de la Plaza de España, camino de casa, y caí en la cuenta del significado de la escena de la era como si de una repentina iluminación se tratara, y decidí poner por escrito mis observaciones (
Rut la moabita. Una historia de amor, 1993). Mirando atrás, aquella ‘
iluminación’ parece ahora una obviedad, y la idea que me pareció a la sazón una suerte de epifanía, resulta tan clara como el sol de mediodía en Valladolid.
Así describe el genial autor la misión de la moabita a instancias de su suegra Noemí:
Descendió, pues, a la era, e hizo todo lo que su suegra le había mandado. Y cuando Booz hubo comido y bebido, y su corazón estuvo contento, se retiró a dormir a un lado del montón. Entonces ella vino calladamente, y le descubrió los pies y se acostó. Y aconteció que a la medianoche se estremeció aquel hombre, y se volvió; y he aquí, una mujer estaba acostada a sus pies. Entonces él dijo: ¿Quién eres? Y ella respondió: Yo soy Rut tu sierva; extiende el borde de tu capa sobre tu sierva, por cuanto eres pariente cercano (Rut 3:6-9).
La simplicidad narrativa de Rut, tan característica, por otra parte, de todos los autores bíblicos, esconde un tesoro: remite a los orígenes, y apunta hacia la obra del Redentor.