por S. Stuart Park
En su aspecto diacrónico o lineal, la historia de Rut, la moabita es sencilla de relatar, y el narrador dedica tan solo cuatro breves versículos a los diez años en los que Elimelec «
un varón de Belén de Judá» habitó en las vecinas tierras de Moab junto con su esposa Noemí y sus dos hijos Mahlón y Quelión, tras huir del hambre en su ciudad natal de Belén. Elimelec y sus dos hijos, que se casaron con sendas esposas moabitas, murieron en aquel exilio forzoso, dejando viudas a Noemí, y a Orfa y Rut, sus dos nueras moabitas.
La simplicidad narrativa de Rut suscita interrogantes que han ejercitado a los comentaristas empeñados en moralizar allí donde el texto asume con naturalidad las decisiones de sus protagonistas. ¿Hizo bien Elimelec en abandonar Belén y marchar a tierras del vecino país de Moab? El autor no se pronuncia, pero no pocos han censurado al marido de Noemí por abandonar su patria. ¿Erraron Mahlón y Quelión al contraer matrimonio con Orfa y con Rut? No hay indicación alguna al respecto por parte del narrador, pero los hijos de Elimelec han sido juzgados con dureza por casarse con mujeres extranjeras al margen de la familia de la fe.
Al tener noticias de que había terminado la hambruna, Noemí decidió regresar a Belén. Huérfana de su marido y sus dos hijos, no había contado con la tenacidad de Rut, sin embargo, de quien intentó despedirse por tres veces, sin éxito, ni tuvo en cuenta su magnífica fe:
No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú murieres, moriré yo, y allí seré sepultada; así me haga Jehová, y aun me añada, que sólo la muerte hará separación entre nosotras dos (1:16-17).
La llegada de las dos viudas coincidió con el comienzo de la siega de cebada en Belén, y Rut se ofreció a espigar detrás de los segadores. El propietario de la parte de los campos donde Rut acudió a espigar era Booz, «
hombre rico de la familia de Elimelec», quien se fijó en la moabita, y tras informarse de su procedencia y talante, dio instrucciones para que los segadores la tratasen bien.
En un pasaje de gran belleza descriptiva, el narrador relata el encuentro entre Rut y Booz en el campo. «
Jehová recompense tu obra, y tu remuneración sea cumplida de parte de Jehová Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte». Estas palabras de Booz iluminarán le escena de la era, como se verá, no menos que las hermosas palabras de Rut: «
Señor mío, halle yo gracia delante de tus ojos; porque me has consolado, y porque has hablado al corazón de tu sierva, aunque no soy ni como una de tus criadas».
El resto de la historia es bien conocido. Noemí vislumbra en las atenciones de Booz una esperanza para las dos, y aquella inteligente mujer concibió un atrevido plan. Al finalizar la siega, Rut acudirá calladamente a la era, lavada, ungida y vestida de sus mejores vestidos, para acostarse al lado de Booz para pedirle matrimonio.
Nos encontramos ante una de las escenas más maravillosas de la Biblia.