por S. Stuart Park
Siguiendo las instrucciones de Noemí, Rut puso en marcha el ingenioso plan:
Descendió, pues, a la era, e hizo todo lo que su suegra le había mandado. Y cuando Booz hubo comido y bebido, y su corazón estuvo contento, se retiró a dormir a un lado del montón. Entonces ella vino calladamente, y le descubrió los pies y se acostó. Y aconteció que a la medianoche se estremeció aquel hombre, y se volvió; y he aquí, una mujer estaba acostada a sus pies. Entonces él dijo: ¿Quién eres? Y ella respondió: Yo soy Rut tu sierva; extiende el borde de tu capa sobre tu sierva, por cuanto eres pariente cercano. Y él dijo: Bendita seas tú de Jehová, hija mía; has hecho mejor tu postrera bondad que la primera, no yendo en busca de los jóvenes, sean pobres o ricos. Ahora pues, no temas, hija mía; yo haré contigo lo que tú digas, pues toda la gente de mi pueblo sabe que eres mujer virtuosa (3:6-11).
El significado de este momento trascendental gira en torno al significado de la expresión traducida «
le descubrió los pies y se acostó». Reza el hebreo original que la moabita descubrió el lugar de sus piernas, de modo que al sentir el aire fresco de la noche sobre su piel, «
se estremeció aquel hombre y se volvió; y he aquí una mujer acostada a sus pies». A nuestro entender, Rut no se puso a los pies de su benefactor como su criada, sino que se acostó a su lado como su esposa. Booz, al percibir su presencia, no se incorporó, sino que se volvió. El matiz es importante.
«
¿Quién eres?» La pregunta de Booz va más allá de la mera identificación de la mujer que encontró ante sí, sino que atañe al estatus de la moabita en su comprometida misión. «
Yo soy Rut tu sierva; extiende el borde de tu capa sobre tu sierva, por cuanto eres pariente cercano». De nuevo nos asiste el lenguaje original: «
extiende tus alas sobre tu siervo, por cuanto eres pariente cercano». La expresión recuerda la que había empleado el propio Booz en las calurosas jornadas de espigueo: «
Jehová recompense tu obra, y tu remuneración sea cumplida de parte de Jehová Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte». Booz, el
göel de la familia del difunto Elimelec, cumplirá una misión divina como redentor de Rut.
Todo en esta escena es inmensamente real; todo está cargado de simbolismo espiritual. La era es el lugar donde se separa la parva del grano, el trigo de la paja, y donde se conoce la verdadera identidad de cada cual (ver Mateo 3:12). Booz sabe ahora quién es Rut, y pronto la conocerá en plenitud, y la moabita sabe quién es Booz, su pariente-próximo y redentor. Al llegar a casa, Noemí la saluda, expectante: «
¿Qué hay, hija mía » (literalmente: «
¿Quién eres, hija mía?») −es decir−:«
¿Eres la sierva de Booz, o su esposa?». Pronto lo sabrá.
Mientras tanto, conviene situar la historia de Rut en su contexto. La escena de la era, trémula de emoción y plena de espiritualidad profunda, recuerda el despertar de Adán de un sueño profundo para descubrir ante sí a la mujer tomada de su costado mientras dormía; y anticipa las alas del Espíritu que cubrieron a María, la madre del Redentor. La alusión a la Natividad no es baladí, y el nombre de Rut, la moabita figura en letras de oro en la genealogía del Señor.