Determinismo y fe. La fe del carbonero (40)
por S. Stuart Park Valladolid, 06 de Marzo de 2020
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Un trillo |
Al margen de su atractivo como retrato de las costumbres de las gentes del campo en el tiempo de la siega, y más allá, incluso, de su honda emotividad humana, el libro de Rut gira en torno a la figura de Booz, el pariente próximo que se casa con la nuera del difunto Elimelec, redime las propiedades que habían sido de Noemí, y proporciona a la familia un sucesor, Obed, pariente lejano del venidero Redentor del mundo que nació de María en Belén.
El interés genealógico de Rut es indudable, y hay quien piensa que se trata de una ficción diseñada para trazar la línea del Mesías, sin base histórica, un relato corto de gran belleza fruto del genio narrativo de un consumado escritor. Si así fuera, no deja de llamar la atención el hecho de la incorporación de una viuda moabita en la línea regia de Cristo. Según S. Mateo, en su «Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham… Booz engendró de Rut a Obed, y Obed a Isaí. Isaí engendró al rey David» (1:1, 5-6). La solemnidad del texto no deja lugar a dudas, y la «túnica sin costura, de un solo tejido de arriba abajo» que constituye la Escritura Sagrada no puede ser quebrantada.
El libro de Rut plantea, además, cuestiones prácticas de interés perenne. Conviene destacar el protagonismo tanto de Noemí como de la propia Rut en la resolución de su crisis familiar. Resulta claro que una Providencia guió los pasos de sus protagonistas y, sin embargo, las decisiones que tomaron surgieron de su propia voluntad. Una circunstancia externa, la hambruna, obligó a Elimelec a llevar a su familia a Moab, pero fue él quien determinó abandonar su patria en busca de pan. En el cruce de caminos entre Moab y Judá, Rut decidió acompañar a su suegra sin que nadie la obligara, y Noemí «viendo que estaba tan resuelta a ir con ella, no dijo más» (1:18).
¿Cuál es, entonces, la relación entre los designios de Dios y la voluntad humana, entre la soberanía de Dios y la fe? Un importante libro publicado por Andamio titulado ¿Predeterminados a creer? (2019) confronta con maestría una versión muy en auge en nuestros días, que viene a anular la voluntad humana, rechaza el concepto de libre albedrío, y en aras de un concepto extremo de la «gracia soberana», y pone en tela de juicio el amor y la justicia de Dios.
Conocí a John Lennox, su autor, en 1964 en Cambridge cuando preparaba su tesis doctoral sobre un tema (para mí incomprensible) de las ciencias matemáticas. Me llamaron la atención su gran afabilidad, su energía sin límites, y sobre todo, la pasión por las Escrituras que intentó inculcarme, sin gran éxito a la sazón. Lo que no pude adivinar es que llegaría a formar parte de una tríada de brillantes intelectuales norirlandeses junto con el escritor C. S. Lewis y el biofísico Alister McGrath que tanto han influido en el pensamiento evangélico contemporáneo.
Conocido por sus debates televisados con prominentes promotores del ‘Nuevo Ateísmo’ como Richard Dawkins y Christopher Hitchens, en este nuevo libro el profesor Lennox se ha atrevido a adentrarse en un terreno no menos arriesgado, el del determinismo teísta, un tema «terriblemente serio» según el autor. De su libro hablaremos, Dios mediante, en nuestra próxima entrega.
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