Arquetipos La fe del carbonero (47)
por S. Stuart Park Valladolid, 24 de Abril de 2020
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Northrop Frye |
En el otoño de 1972 nos trasladamos a Philadelphia, la Ciudad del Amor Fraternal, donde Verna trabajó de enfermera en el Centro Médico Crozer-Chester, mientras yo inicié estudios doctorales en la Temple University. Si el contraste entre la Universidad Complutense y la Universidad de Cambridge era marcado en lo político y religioso, no lo era menos la institución en la que me incorporé como asistente de enseñanza en el departamento de post-grado.
Situada en una zona deprimida de Philadelphia que, pese a su nombre apacible y prometedor, era una de las ciudades más violentas de Estados Unidos en aquel entonces, Temple University no gozaba del prestigio de las grandes instituciones académicas norteamericanas como Harvard o Yale, Princeton o Pennsylvania, pero aprendí más en los cuatro años que pasé allí que en mis tres años en Cambridge, probablemente porque ya no era aquel joven de 18 años inmaduro y con complejo de inferioridad.
El departamento de español contaba con graduados de varios países latinoamericanos: Chile, México, Argentina y Colombia entre otros, además de estudiantes norteamericanos. Disfruté mucho de los seminarios, donde se fomentaba el intercambio de ideas y la discusión, y entré en contacto con dos escuelas para mí desconocidas: el estructuralismo, que lee la obra literaria como parte de una estructura global; y la teoría de los arquetipos del crítico canadiense Northrop Frye, que marcaría de forma determinante mi manera de leer la Biblia.
En el fondo necesitaba librarme de una lectura personalista de la Escritura. En los años de oscuridad me aterraban relatos como el sacrificio de Isaac, la demencia del rey Saúl, rechazado por su desobediencia al mandato de Dios, y las historias de David, que pagó un alto precio por su caída en pecado. El pavor que la Biblia me producía encontró alivio en las tesis de Frye, desarrolladas en su magistral Anatomy of Criticism (Princeton University Press, 1957).
Según Northrop Frye, el estudio sistemático de la literatura revela una estructura de arquetipos esenciales, mitos universales cristalizados por medio de símbolos poéticos recurrentes. El arquetipo constituye «un principio coordinador, una hipótesis central», la posibilidad de atribuir a la literatura «un postulado de coherencia total» al igual que cualquiera de las ciencias. A estos arquetipos tienden a recurrir los grandes clásicos: «Esto coincide con un sentimiento que todos hemos experimentado... que la obra maestra profunda parece traernos a un punto en el cual podemos ver una enorme cantidad de líneas convergentes de significado».
Según esta perspectiva, empezamos a vislumbrar la literatura «no solo complicándose en el tiempo, sino como extendida en el espacio conceptual a partir de algún invisible centro». Para Frye, las Escrituras judeo-cristianas identifican la figura del Mesías como el «mito» central de la narrativa bíblica, el «invisible centro» del que parten y hacia el que convergen múltiples «líneas de significado» en un sistema coherente total.
Esta noción, como es evidente, reflejaba desde el campo crítico secular, la visión que había impartido el Dr. Gooding de que toda la Escritura está relacionada entre sí, y que toda ella converge en Cristo. Reforzado espiritual e intelectualmente, pude comenzar a abordar los textos que antes me producían terror.
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COMENTARIOS DE LOS LECTORES: 2
26/04/2020 Querido Stuart:
has logrado que tus artículos en «La fe del carbonero» generen “sana y santa ansiedad“ por leer el siguiente. Se han convertido en verdaderas confesiones a la luz de la fe en Cristo y de la madurez biográfica.
Espero la siguiente.
Saludos especiales a Verna. Rezo por vosotros.
Abrazo.
AurelioAurelio GARCÍA MACÍAS Roma | 24/04/2020 Excelente artículo, gracias por compartir de forma tan personal y a la vez formativa, ¡¡es una combinación muy poderosa!!
Un fuerte abrazo, Francisco.Francisco MIRA MOYA Pastor EEBG |
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