Una imagen de terror La fe del carbonero (48)
por S. Stuart Park Valladolid, 01 de Mayo de 2020
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El Monte de los olivos |
Preso de la depresión, como he comentado, no fui capaz de leer historias de la Biblia sin aplicarlas directamente a mis propias circunstancias personales, con la distancia necesaria y con objetividad. He recordado la experiencia del pobre William Cowper que se veía retratado en la demencia y suicidio de Saúl, que había consultado con la adivina de Endor en vez de consultar con Dios. Pensó que había cometido el pecado imperdonable, como Judas, que era maldito como la higuera que maldijo Jesús, y que estaba condenado para toda la eternidad.
En mi caso se trataba de una suerte de retorno a la falta de perspectiva de mis lecturas infantiles de la Biblia. En casa había muchas Biblias, y la de mi madre, más fina que las otras, encuadernada en piel, contenía láminas de tono sepia que representaban algunas de las historias más conocidas de la Escritura: Moisés con las Tablas de la Ley, Rut la moabita en los campos de Booz, David y Goliat, el niño Jesús en el Templo, Saulo en el camino de Damasco, entre otras.
Un día la abrí siendo muy pequeño, y una imagen me asustó: un viejo con barbas blancas extendía su brazo en alto y en su mano llevaba un puñal para matar a su hijo, atado sobre la leña de un altar. Al pie de la lámina se podía leer: «Abraham se dispone a sacrificar a su hijo en el monte Moriah». Con un gran disgusto cerré el libro. La imagen me llenó de pavor, y he de decir que ha escandalizado a otras muchas personas también.
El «sacrificio de Isaac» ha sido una de las historias más comentadas, para bien o para mal, de toda la Biblia. Han transcurrido muchos años desde que vi aquella lámina y ha pasado, también, el disgusto. Creo que he entendido lo que sucedió hace unos 4.000 años en el monte Moriah y lo considero, ahora, uno de los sucesos más significativos de la Biblia. En mi estado depresivo, sin embargo, el relato cobró una dimensión de terror. ¡La verdadera espiritualidad exige renunciar a lo que uno más quiere en el mundo, y matar toda ilusión! La trampa estaba tendida.
Otra historia que me hundió en el desespero fue la de Saúl cuando desobedeció las instrucciones del profeta Samuel y fue desechado como rey (1 Samuel 15). ¿En qué consistió su pecado? Había actuado sin esperar el permiso de Dios. Enseguida pude ver que yo mismo había tomado decisiones sin haber orado los suficientemente, y sin estar seguro de la voluntad de Dios. El efecto en mí fue devastador.
Superado el trauma de aquella etapa, aprendí tres valiosas lecciones que me han asistido hasta hoy: no fiarme de mis sentimientos en la esfera espiritual; desconfiar de una espiritualidad ostentosa que no vaya acompañada de humildad y virtud; y leer la Biblia de manera objetiva, no condicionada por circunstancias personales, aunque estas tengan su lugar.
La enseñanza del Dr. Gooding me ayudó a ver todas las historias bíblicas desde la perspectiva de Cristo, y el análisis de Frye me permitió situar la narrativa bíblica en un contexto global. Estos principios, que pueden parecer elementales, han marcado toda mi producción literaria, y han condicionado mi forma de ser en el mundo.
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COMENTARIOS DE LOS LECTORES: 1
06/05/2020 Mi querido Stuart.
Parece mentira que este blog tuyo haya cumplido ya un año. Siempre disfruto de lo que escribes y doy gracias al Señor por tu talento y tu esfuerzo. Disfruto de la honestidad y autenticidad de cuanto escribes. Espero que Verna esté mejor y que el Señor os bendiga como familia, a pesar de la pandemia.
Saludos y un abrazo.
SamuelSamuel ESCOBAR Pastor, educador, escritor, teólogo y conferenciante. Peruano de nacimiento, y conocido en toda la América hispana y ahora en España. |
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