por S. Stuart Park
Partimos de una convicción profunda:
la doctrina apostólica en relación con la mujer no puede considerarse como una cuestión secundaria o marginal, y debe reflejar la esencia del evangelio de Cristo. El evangelio de Cristo afecta a todas las áreas de la vida, restaura las relaciones dañadas o rotas por la Caída, y anula las diferencias establecidas en la Ley. Escribió S. Pablo:
De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús (Gálatas 3:24-28).
Es interesante observar con exactitud el lenguaje de Pablo: Ya no hay judío ni (οὐδὲ) griego; no hay esclavo ni (οὐδὲ) libre; no hay varón y (καὶ) mujer. El primer binomio es de carácter étnico o racial; el segundo es de carácter social; el tercero es genérico, y pertenece a la identidad profunda de las personas. Al decir
varón y hembra, Pablo cita a Génesis 1:27:
«Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó». Su intención parece clara: la definición del hombre y la mujer como seres diferenciados está anulada en Cristo.
«De Cristo estáis revestidos» –escribe el apóstol. Agustín de Hipona (354–430) entendió el significado de esta metáfora. En su juventud S. Agustín se había entregado a una vida de borracheras e inmoralidad que le sumió en una desesperación profunda, ya que no veía la manera de cambiar, ni encontrar perdón. Un día, sentado debajo de un árbol en su jardín oyó la voz de un niño (o niña, no sabía cuál) desde una finca colindante que decía repetidamente (en latín):
Tolle, lege, tolle, lege, que quiere decir
«Toma y lee, toma y lee». Le pareció que el Señor mismo le invitaba a leer la Escritura, así que tomó la Epístola a los Romanos, que tenía a mano, la abrió y leyó este texto de Pablo:
Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne (Romanos 13:13-14).
«Vestirse del Señor Jesucristo» significa recibir la gracia de Dios en la persona de Jesús, que «cubre» todos nuestros pecados y nos hace justos ante Dios. Agustín lo entendió al instante, y a partir de aquel momento dedicó su vida al Señor.
Hay quien argumenta que en el texto de Gálatas Pablo se refiere a la salvación, y no a los roles del hombre y la mujer en la iglesia. En efecto, de la salvación se trata, y es en el ámbito de la salvación donde hay que ubicar nuestro tema.
¿Por qué, entonces, hace Pablo una clara diferenciación entre el hombre y la mujer en algunos de sus pasajes más controvertidos? Para entenderlo, será preciso dar un paso más en nuestra discusión.