Hay que tener cabeza Contra viento y marea (9)
por S. Stuart Park Valladolid, 31 de Julio de 2020
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Alexander Pope |
Antes de dar un paso más, he de decir (es evidente) que no presumo tener toda la razón, ni pretendo legislar para nadie, ni es mi intención agotar un tema tan sensible como complejo que genera, con frecuencia, más calor que luz. Aspiro tan solo a compartir una cuestión que a mí me ha ejercitado, y que invita, en palabras del apóstol, a que «cada uno esté plenamente convencido en su propia mente» (Romanos 14:5).
Al escribir estas líneas tengo muy presente el conocido dicho del poeta satírico Alexander Pope (1688-1744) que dice así: Fools rush in where angels fear to tread (‘los necios entran en tropel allí donde los ángeles no se atreven a poner el pie’). Significa que solo una persona sin sentido común se lanzaría a abordar un asunto que los más sabios evitarían. Dejo en manos de mis lectores juzgar si estoy dotado de sentido común, o no, pero aunque su veredicto sea condenatorio, sí diré en mi defensa que soy plenamente consciente de que es posible que no pocos lectores, y no pocas lectoras, discrepen de mis opiniones.
No presumo tener toda la razón –faltaba más–, pero algunas cosas tengo claras. Las dividiré en tres apartados: (1) La Creación establece una relación entre el hombre y la mujer que no es jerárquica, sino complementaria y de unidad. (2) La mujer está autorizada para ejercer un ministerio pleno en la iglesia, en libertad. (3) La Caída ha puesto en desventaja a la mujer, un desequilibrio que Pablo se presta a enderezar.
Clave en nuestra discusión son dos conceptos que Pablo desarrolla en uno de los pasajes más complejos de todo su epistolario (1 Corintios 11:2-16): el concepto de ‘cabeza’ (κεφαλὴ); y el concepto de ‘autoridad’ (ἐξουσία). Los dos conceptos van de la mano. Para poder ejercer un ministerio bajo el Señorío de Cristo, tanto el hombre como la mujer necesita tener cabeza, y ambos son llamados a emplearse en la iglesia bajo autoridad.
La enseñanza de Pablo, interpretada de manera negativa, ha supuesto una losa para las aspiraciones de muchas mujeres en la iglesia, y un texto en sí liberador se ha convertido en un instrumento de sometimiento y opresión. Pero antes de entrar en este complejo pasaje debemos volver nuestros ojos hacia el Edén.
Cuando Adán vio ante sí a Eva, comenzó a hablar, y su primera incursión en el mundo de la comunicación interpersonal tuvo como fruto la más trascendental afirmación de la igualdad de género que se conoce: «Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; esta será llamada Varona (Ishshah), porque del varón (Ish) fue tomada» (Gn. 2:23). Más aún, sin saberlo, las palabras de Adán forman el marco para una definición precisa no solo del matrimonio humano (ratificado por Jesús; ver S. Mateo 19:5), sino de la propia relación de Cristo con su Iglesia (ver Efesios 5:31-32); por lo que debemos felicitar al primer hombre por su impecable estreno lingüístico en el mundo.
Las cosas se torcieron, sin embargo, y tanto Adán como Eva perdieron la cabeza en su catastrófica incursión en el terreno del mal.
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COMENTARIOS DE LOS LECTORES: 1
01/08/2020 ¡Qué buena solución has encontrado para traducir la cita de «Fools rush in...»! Te ruego, Stuart, sigue entrando en estos temas tan importantes a la vez que arriesgados. Oigamos hablar a un sabio, «plenamente convencido en su propia mente». No vaya a ser que sólo se oigan voces de necios. Nancy Ruthanne CLARNEAU
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