por S. Stuart Park
Llegados a este punto, me entra la duda si el tema que venimos considerando no estará agotando la paciencia de más de un lector, o decepcionando a más de una lectora, y como medida de distracción, y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, haré una pequeña digresión.
Conocida es la historia que protagonizaron en las Cortes españolas, el 1 de octubre de 1931, dos destacadas feministas, Clara Campoamor y Victoria Kent, que se enfrentaron en un debate sobre el sufragio universal.
Clara Campoamor Rodríguez (1881-1972) fue abogada, escritora, política y defensora de los derechos de la mujer española. Creó la Unión Republicana Femenina y fue una de las principales impulsoras del sufragio femenino en España, que se logró en 1931, y fue ejercido por las mujeres por primera vez en las elecciones de 1933.
Victoria Kent Siano (1891-1987) fue abogada y política republicana. Abrió un bufete de abogados especializado en Derecho Laboral, siendo la primera mujer en España en conseguirlo, y fue Directora General de Prisiones (1931-1932).
Sectores de la prensa las llamaron burlonamente
la Clara y la Yema, y los señores diputados decían que si solo hay dos diputadas en el Congreso y no son capaces de ponerse de acuerdo, ¿qué pasaría si hubiera cincuenta?
Lo curioso del caso es que Clara Campoamor (
la Clara), siendo feminista, defendía el sufragio universal, mientras que Victoria Kent (
la Yema) tan feminista como su contrincante, se opuso. La razón era clara (juego de palabras no intencionado): Victoria estaba convencida de que las mujeres votarían a favor de la Derecha, y por ello no quería que votasen. Pero la victoria fue para Clara (de nuevo, juego de palabras no intencionado), y efectivamente, las mujeres votaron como ella vaticinó.
Victoria Kent basó su oposición con el siguiente argumento:
Creo que no es el momento de otorgar el voto a la mujer española. Lo dice una mujer que, en el momento crítico de decirlo, renuncia a un ideal. Quiero significar a la Cámara que el hecho de que dos mujeres se encuentren aquí reunidas y opinen de manera diferente, no significa absolutamente nada, porque dentro de los mismos partidos y de las mismas ideologías, hay opiniones diferentes (...). En este momento vamos a dar o negar el voto a más de la mitad de los individuos españoles y es preciso que las personas que sienten el fervor republicano, el fervor democrático y liberal republicano, nos levantemos aquí para decir: es necesario, aplazar el voto femenino (...). Señores diputados, no es cuestión de capacidad; es cuestión de oportunidad para la República (...). Pero hoy, señores diputados, es peligroso conceder el voto a la mujer.
«No es cuestión de capacidad, sino de oportunidad». ¿Es extrapolable la tesis de Victoria Kent a la estrategia de Pablo respecto del derecho de las mujeres? A nuestro entender, el apóstol abogaba plenamente por la libertad de la mujer en el culto, pero era consciente de los peligros que esto entrañaba en el contexto social de su tiempo. Conviene volver, tras esta breve digresión, a los difíciles textos de San Pablo.