Autoridad y gloria Contra viento y marea (13)
por S. Stuart Park Valladolid, 28 de Agosto de 2020
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Columnas clásicas griegas |
El contenido del capítulo 11 de 1 Corintios, el más complejo del corpus paulino, proporciona las claves del pensamiento de Pablo acerca de la mujer en la iglesia. «No es cuestión de capacidad, sino de oportunidad» –dijo Victoria Kent–, es decir, que aquella valiente mujer no se fiaba del criterio de sus congéneres, y que era mejor no darles ni voz, ni voto en las urnas. Pablo discreparía radicalmente de su apreciación, con un matiz.
El capítulo parte de un asunto conflictivo: algunas mujeres en Corinto oraban y profetizaban en la iglesia con la cabeza descubierta (vv. 4, 13), es decir, que interpretaban su nueva libertad en Cristo como justificación para ignorar las costumbres sociales de la época, y comportarse en el culto como lo hacían los hombres. El apóstol no cuestiona el derecho de la mujer a orar y profetizar en el culto, sino la manera en que lo hacía en aquel contexto social. A nuestro juicio, el afán de Pablo es el de evitar el rechazo de la mujer en un ambiente potencialmente hostil.
Al mismo tiempo, Pablo veía en el cubrimiento de la cabeza de la mujer un símbolo de autoridad (exousía = autoridad, derecho, libertad, potestad; v. 10), nunca como símbolo de inferioridad o sumisión. Estar ‘bajo autoridad’ significa estar empoderado (ver Mt. 8:9) y la mujer disfruta de triple cobertura: «Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo» (v. 3). Si Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es cabeza de la mujer, y Dios es la cabeza de Cristo, la mujer tiene autoridad divina para actuar con libertad en la iglesia, en la familia y en la sociedad.
Crucial en el pensamiento de Pablo es el concepto de ‘cabeza’ (kephalé). Contrariamente a lo que se suele afirmar, el orden no es: Dios – Cristo – hombre – mujer, como si esta ocupase el último lugar en una cadena de mando, sino una relación mutua que empieza con Cristo y termina en Dios. Según A.C. Thistleton en su monumental estudio sobre la Epístola, Kephalé reúne dos conceptos: ‘autoridad’, y ‘fuente u origen’ (como en la expresión ‘la cabeza del Duero’). Ambos conceptos aparecen en el pasaje de Pablo (vv. 10 y 12), y a nuestro juicio pueden considerarse complementarios: kephalé como ‘fuente u origen de autoridad’ (recuérdese la historia de la creación de la mujer).
Por último, nótese el doble encomio de Pablo: la mujer es «gloria del varón» (doxa, v. 7), el mayor piropo jamás dirigido al género femenino por aquel gran observador (ver blog no. 2); y un cabello lustroso le es «honroso» (doxa). ¿Por qué, entonces, parece Pablo dar al traste con tan alta valoración en textos que parecen cerrar la puerta a cualquier ministerio femenino en la iglesia?
Con vuestra venia intentaré esclarecer su significado, y dar por terminada esta osada incursión en un terreno donde los ángeles, según el dicho popular, no se atreverían a pisar (por cierto, Pablo tiene un ojo puesto en ellos, ver v. 10). Así que paciencia, querido lector, querida lectora, ¡hay luz al final del túnel!
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