La perfecta casada Contra viento y marea (15)
por S. Stuart Park Valladolid, 11 de Septiembre de 2020
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Fray Luis de León |
¡Socorro! -dirá más de una-, y con toda la razón del mundo. Aun siendo un monumento literario, obra de uno de los más grandes autores clásicos, la visión que inspira a su autor, fray Luis de León, dista mucho de ser la nuestra, y evidencia todos los prejuicios de su época. Encerrada en casa es el lugar de la mujer casada, que no tiene suficientes luces para dedicarse a las ciencias, pero sí a la rueca y a la colada.
Mi esposa y yo acabamos de celebrar nuestro 50 aniversario de boda, y Verna me dice que antes de casarnos le regalé La perfecta casada de fray Luis. No me lo puedo creer, y espero que la noticia sea apócrifa, pero si es verdad, os aseguro que se lo regalé para ayudar a afianzar su dominio del castellano. ¡Cosas de la juventud!
¿Por qué lo traigo a colación? Lo traigo a colación porque se me olvidó hacer referencia al empleo de kephalé por Pablo en la relación conyugal (Ef. 5:21-33), y porque tengo intención de comentar a continuación un asunto que puede resumirse con el título de una obra grandiosa de fray Luis, De los nombres de Cristo.
Pablo asevera que «el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador» (v. 23). El apóstol finaliza su texto con una alusión a Gn. 2:24: «El que ama a su mujer a sí mismo se ama… como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos». El sentido profundo del concepto de kephalé emerge: la unidad en amor de Cristo con su iglesia, de la cual la relación conyugal es símbolo y tipo.
Es de notar que, contrariamente a lo que se podría esperar, el énfasis de Pablo recae sobre la responsabilidad del marido, a quien insta a amar, cuidar, y sustentar a su esposa (vv. 28-29). A la esposa tan solo se le pide que «respete a su marido» (v. 33). El cuidado y el amor forman parte de la naturaleza de la mujer. El hombre, en cambio, sí necesita este recordatorio, por su propia naturaleza, también.
El concepto de kephalé en la relación conyugal nada tiene que ver con mando, sino con unidad en amor, cuyo ejemplo y punto de referencia es Cristo. Cabeza y cuerpo uno son, como el Señor Jesús recalcó en su oración sacerdotal poco antes de entregarse por nosotros:
Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado (Jn. 17:20-23).
Son palabras sublimes del Salvador. En la próxima entrega hablaré, como conviene, del nombre de Jesús.
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