Fructífero confinamiento Contra viento y marea (19)
por S. Stuart Park
Valladolid, 09 de Octubre de 2020
Río Tormes, a su paso por Salamanca.
El despliegue conceptual de fray Luis, su deleite en desvelar las riquezas de Cristo, el pulcro y cristalino castellano que asiste a su propósito, crean para el estudio de los nombres de Cristo un espacio de pastos delicados y aguas de reposo apropiado para la sosegada reflexión. El imaginado coloquio de fray Luis con sus tres compañeros salmantinos transcurre en un monasterio no lejos de la ribera del Tormes, dotado de un hermoso jardín en el que los amigos se acomodan para platicar. El bucólico lugar contrasta, claro está, con la lóbrega celda en el que se encuentra confinado en la cárcel secreta de Valladolid:
Mas, ya que la vida pasada ocupada y trabajosa me fue estorbo para que no pusiese este mi deseo y juicio en ejecución, no me parece que debo perder la ocasión de este ocio, en que la injuria y mala voluntad de algunas personas me han puesto. Porque, aunque son muchos los trabajos que me tienen cercado, pero el favor largo del cielo que Dios, padre verdadero de los agraviados, sin merecerlo me da, y el testimonio de la conciencia en medio de todos ellos, han serenado mi alma con tanta paz, que no sólo en la enmienda de mis costumbres, sino también en el negocio y conocimiento de la verdad, veo ahora y puedo hacer lo que antes no hacía. Y hame convertido este trabajo el Señor en mi luz y salud, y con las manos de los que me pretendían dañar ha sacado mi bien.
Fray Luis no fue el primero en escribir una gran obra desde la cárcel, desde luego, ni sería el último: el propio San Pablo, Miguel de Cervantes, John Bunyan y Dietrich Bonhöeffer, por nombrar solo algunos, han ensanchado los horizontes de nuestro mundo desde el confinamiento. El tema elegido por fray Luis no puede ser más alto, ni más profundo su amor por la persona del Señor:
Y deseando yo ahora escribir alguna cosa que fuese útil al pueblo de Cristo, hame parecido que comenzar por sus nombres (…) Y la propia y verdadera sabiduría del hombre es saber mucho de Cristo; y, a la verdad, es la más alta y más divina sabiduría de todas, porque entenderle a Él es entender todos los tesoros de la sabiduría de Dios, que, como dice San Pablo, «están en Él cerrados»; y es entender el infinito amor que Dios tiene a los hombres, y la majestad de su grandeza, y el abismo de sus consejos sin suelo, y de su fuerza invencible el poder inmenso, con las demás grandezas y perfecciones que moran en Dios, y se descubren y resplandecen, más que en ninguna parte, en el misterio de Cristo. Las cuales perfecciones todas, o gran parte de ellas, se entenderán si entendiéremos la fuerza y la significación de los nombres que el Espíritu Santo le da en la divina Escritura; porque son estos nombres como unas cifras breves, en que Dios, maravillosamente, encerró todo lo que acerca de esto el humano entendimiento puede entender y le conviene que entienda.
¿Cuáles son los nombres de Cristo escogidos por fray Luis? Son estos: Pimpollo (o Renuevo); Faces (o Rostro) de Dios; Camino; Pastor; Monte; Padre del siglo futuro (o Eterno); Brazo de Dios; Rey de Dios; Príncipe de paz; Esposo; Hijo de Dios; Cordero; Amado; y finalmente, el nombre que es sobre todo nombre, el nombre de Jesús.
Lecturas de este Artículo: 969
Si desea participar con su opinión sobre los Artículos del Blog, debe registrarse como usuario. Gracias.
NOTA: Si ha recibido alguno de nuestros boletines, NO tiene que registrarse como Nuevo Usuario. Sólo tiene que recuperar su Nombre de Usuario pulsando sobre [Desconozco mi Usuario],
y luego su Contraseña pulsando en [Desconozco mi Contraseña], en ese orden. Gracias.
Despues podrá disfrutar de las ventajas de estar registrado en nuestra intranet.