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«CONTRA VIENTO Y MAREA».      

      La Dama de la Lámpara
            Contra viento y marea (21)

por S. Stuart Park

    Valladolid, 23 de Octubre de 2020

Florence Nightingale
 

La actividad pastoral consta de facetas muy variadas, entre ellas el cuidado de los enfermos, y si algo ha demostrado la pandemia del coronavirus es la labor sacrificada del personal sanitario cuya valentía ha asombrado al resto de la sociedad. Muchos de ellos han enfermado o perdido la vida, pero esto no ha impedido que miles de hombres y mujeres en todo el mundo se hayan ofrecido como voluntarios para sustituirlos.

Este año se conmemora el bicentenario del nacimiento de Florence Nightingale (1820-1910), una figura pionera en la enfermería, cuyo visionario empeño en favor de la higiene y de otras mejoras sanitarias afectó enormemente a las políticas de los siglos XIX y XX en el ámbito de la atención médica.

Florence Nightingale nació en Florencia, Italia, (de ahí su nombre), la menor de dos hijos. Su acaudalada familia pertenecía a círculos sociales de élite. El padre de Florence, William Nightingale, era un rico terrateniente que proporcionó a su hija una educación clásica, incluyendo estudios en alemán, francés e italiano. Su madre, Frances, provenía de una familia de prósperos comerciantes, y se enorgullecía de su relación con gente de posición social prominente.

Desde muy joven, Florence se preocupó por los enfermos y pobres en el pueblo vecino a la finca de su familia en Inglaterra. A los 16 años, ya tenía claro cuál era su vocación, y, muy en contra de la voluntad de sus padres, decidió dedicarse a la enfermería, una profesión considerada servil a la sazón.

Cuando Florence tenía 17 años, rechazó una propuesta de matrimonio de un caballero muy «apropiado», y decidió seguir su vocación a pesar de las objeciones de sus padres. En 1841 Florence pasó unos meses en el Hospital Luterano del Pastor Theodor Fliedner en Kaiserswerth, Alemania, como estudiante de enfermería. La experiencia marcó el resto de su vida.

Después de su estancia en Alemania, Florence regresó a Londres, donde trabajó como enfermera en un hospital de Middlesex para institutrices enfermas. Por su valía y competencia ascendió rápidamente, y además de mejorar enormemente las condiciones sanitarias del hospital, Florence creó una serie de servicios para los pacientes que contribuyeron a mejorar la calidad de su estancia en el hospital.

En 1854 fue invitada por el Secretario de Guerra, Sidney Herbert, a trasladarse a Crimea, donde conoció de primera mano el escándalo de las condiciones insalubres de los soldados heridos. Era conocida por sus rondas nocturnas para ayudar a los enfermos, estableciendo su imagen como la «Dama de la Lámpara». Ella misma fue infectada por la brucelosis crónica, «el mal de Crimea», y pasó el resto de su vida luchando con la enfermedad. A los 38 años, estaba confinada en su casa y postrada en cama, y lo estaría por el resto de su vida. Con una determinación feroz y dedicada como siempre a mejorar la atención de la salud y a aliviar el sufrimiento de los pacientes, Florence continuó su trabajo desde su cama.

De la influencia de Theodor Fliedner, y su relevancia para España, hablaré próximamente. Pero primero unas líneas sobre la pandemia que aflige a la sociedad.


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