por S. Stuart Park
Sin letras y del vulgo (Hechos 4:13). Así tildaron el sumo sacerdote Anás, con Caifás y la familia de los sumos sacerdotes, a Pedro y a Juan cuando expusieron con valentía y poder las credenciales de Cristo tras la sanidad de un hombre cojo en el Pórtico de Salomón; ̶ ἰδιῶταi, los llamaron ̶ , una expresión que ha llegado a nosotros como ‘idiotas’, personas poco inteligentes, pero que en origen se refiere a personas sin educación formal. El hecho de que hombres que no habían pasado por las escuelas pudieran saber de teología, indignaba grandemente a la autoridad.
Lo cierto es que en su discurso Pedro dio muestras de un conocimiento profundo de la Escritura, citando profecías antiguas y anunciando que la promesa mesiánica largamente esperada por los judíos se había cumplido en la persona de Jesús de Nazaret. ¿De dónde provino su erudición, y cómo surgió el denuedo con que se defendía ante los más altos representantes de la religión? Ellos mismos habían tomado nota, y «les reconocían que habían estado con Jesús» (Hch. 4:13).
El discurso de Pedro contiene verdades fundamentales de la fe cristiana, que dan prueba de su inteligencia y comprensión:
Sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos (Hechos 4:10-12).
Pedro basó su discurso en un Salmo que halló cumplimiento en la persona de Jesús: «La piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo» (Sal. 118:22). Años más tarde Isaías (Is. 28:16) denunció a los gobernadores del pueblo, «burladores» los llamó, y confirmó lo dicho por el salmista, al pronunciar esta profecía:
Jehová el Señor dice así: He aquí que yo he puesto en Sion por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable; el que creyere, no se apresure.
La identidad de la «piedra desechada» no ofrece duda, y el propio Pedro expuso su propia conclusión al respecto:
Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; Y el que creyere en él, no será avergonzado. Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, ‘La piedra que los edificadores desecharon, ha venido a ser la cabeza del ángulo’ (1 P. 2:4-7).
Cristo es la piedra sobre la que se edifica la iglesia, «y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos».
Simón Pedro, ¿sin letras y del vulgo? Que juzgue el lector.