Paradojas y contradicciones Contra Viento y Marea (45)
por S. Stuart Park Valladolid, 09 de Abril de 2021
 |
Brevard S. Childs |
Las críticas demoledoras del teólogo James Barr, o la descalificación del Dios de la Biblia como «genocida, homófobo, misógino y racista» del ateo Richard Dawkins, chocan con la experiencia de una multitud de hombres y mujeres que han encontrado en las páginas del Antiguo Testamento al «Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación» (2 Co. 1:3), y no encontré ayuda alguna en sus postulados, pese a su inteligencia y erudición.
He disfrutado mucho, en cambio, de los comentarios de Frank Kermode y Robert Alter, aunque escritos desde una perspectiva secular. La seriedad de su lectura de los Evangelios, Génesis, los Salmos o la historia de David, contrasta con la relativa superficialidad de muchos exegetas cristianos, aunque no entren a valorar el estatus de la Biblia como texto sagrado. Su análisis de la estructura literaria de la narrativa bíblica es agudo y muestra un respeto por el arte de los poetas y narradores que resulta ejemplar.
En el campo de la hermenéutica bíblica, me fue de gran ayuda la crítica canónica de Childs, por su énfasis en el texto como versión definitiva, sin minusvalorar los procesos históricos subyacentes en su elaboración. Los comentarios que desmenuzan el texto para detectar múltiples fuentes presentes en un solo versículo impiden ver el bosque por los árboles, a veces, en detrimento de la pericia y consumada maestría de los poetas y narradores bíblicos.
Encontré inspiradora la crítica de arquetipos de Frye. Según él, la estructura tipológica de la Biblia constituye «un principio coordinador, una hipótesis central, la posibilidad de atribuir a la literatura un postulado de coherencia total». La idea apeló a mí grandemente, y coincidía con la manera en que había concebido siempre la unidad de la Escritura.
«La letra mata, mas el espíritu vivifica», escribió Pablo (2 Co. 3:6), y el paso definitivo se produjo bajo el ministerio de David W. Gooding, amigo y mentor, como he relatado en otras ocasiones. Su atención minuciosa a cada iota y tilde del texto original, y su discernimiento de la estructura literaria que lo vertebra, produjeron en mí una fascinación por una lectura bíblica que conducía a una fe firme en la salvación que constituye la meta final de la revelación de Cristo (ver Jn. 20:31).
Sobre estas cuestiones he escrito en diversas ocasiones, y pido la venia de mis lectores al volver a formular un descubrimiento que, en el fondo, no tiene nada de nuevo, y que ha fundamentado la fe de incontables creyentes a lo largo de los tiempos, aunque felizmente ajenos a las elucubraciones expuestas aquí.
La Biblia es ante todo un libro, y convendrá hablar, a continuación, del arte de la traducción, que permite que accedamos a su contenido, y que ha producido monumentos literarios de renombre universal.
Lecturas de este Artículo: 974
| Si desea participar con su opinión sobre los Artículos del Blog, debe registrarse como usuario. Gracias. |
|