por S. Stuart Park
Tras lanzar su discurso desde la cumbre del monte Gerizim, Jotam procedió a denunciar la deslealtad e ingratitud del pueblo de Siquem al pagar la valentía de su padre Gedeón, que los había salvado de la mano de Madián, con la matanza traicionera de sus hijos, y trazó las consecuencias de su decisión: el fuego devoraría no solo a ellos, sino a Abimelec también, que recibiría así el pago de su maldad.
Y así fue: Abimelec junto con el pueblo que le seguía cortó ramas de los árboles para incendiar las ciudades sublevadas contra su gobierno, y al intentar prender fuego a la torre de Tebes, una mujer arrojó una piedra de molino sobre su cabeza, y para que no se dijera que le había matado una mujer (era un hombre de principios) ordenó a su escudero que le atravesara con su espada. Así se cumplió de manera literal la parábola de Jotam: fuego salió de la zarza y devoró al pueblo y a su rey.
¿Qué sentido tenía, entonces, duplicar el mensaje, primero con la fábula de los árboles y luego con la prosaica descripción de las consecuencias de su decisión? El empleo de la parábola, como el propio Señor Jesús explicaría, tenía un propósito doble: iluminar a quienes estaban dispuestos a entenderla, y cegar a quienes no tenían intención alguna de hacerlo, sin subestimar la
memorabilidad de la parábola, un breve relato que apela a la imaginación, como es el caso aquí.
Es conocido, por otra parte, el amor de los narradores hebreos por la concreción frente a la abstracción característica de los griegos. El Premio Nobel argentino Jorge Luis Borges (1899-1986), en sus clases sobre literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires ha señalado, citando a William Blake, que «el pensamiento de Cristo no se expresa nunca… en forma abstracta, sino que se expresa a sí mismo por parábolas, es decir, por poemas. Cristo dice, por ejemplo, “Yo no he venido a traer la paz sino….”, y el entendimiento abstracto esperaría: “Yo no he venido a traer la paz, sino la guerra”. Pero Cristo,
que es un poeta, dice: “Yo no he venido a traer la paz, sino una espada”».
Al mismo tiempo, en el caso de la Fábula/Parábola/Poema de Jotam no se trata de una mera repetición, ya que el parlamento de la ‘República de los Árboles’ (como la llama el erudito Alfred Edersheim) contiene elementos significativos que no están explicitados en la denuncia posterior: por un lado, las palabras del olivo, la higuera y la vid sugieren el calibre moral y espiritual de los hermanos ejecutados por Abimelec, que fueron fieles al ejemplo de su padre Gedeón y no aspiraban a mandar en el pueblo; y por otro, la parábola revela las amenazas de Abimelec si el pueblo no le hubiese aceptado como rey:
«Si en verdad me elegís por rey sobre vosotros, venid, abrigaos bajo mi sombra; y si no, salga fuego de la zarza y devore a los cedros del Líbano».
Conviene, por tanto, mirar de cerca la parábola de Jotam. Su contenido es extraordinariamente rico, como se verá.