La medida de fe Reyes y reyezuelos (4)
por S. Stuart Park Valladolid, 25 de Junio de 2021
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Viñedo |
Aspira a ser lo que eres -escribió el filósofo madrileño José Ortega y Gasset- una ingeniosa formulación que viene a significar que cada uno procure desarrollar al máximo el potencial que tiene, mientras pueda, y cumpla así su vocación. Con él concuerda el sabio Qohélet cuando dice: «Todo lo que te viniera a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas» (Ecl. 2:10). Los árboles reunidos en asamblea lo habrían entendido a la perfección.
Empeñados a elegir rey sobre sí, se dirigieron en primer lugar al olivo, que respondió: «¿He de dejar mi aceite, con el cual en mí se honra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?» Algunos piensan que el olivo se refería a las libaciones que se ofrecían a los dioses paganos, pero preferimos pensar que el olivo entendía de teología, y sabía que al bendecir a los hombres con su aceite, honraba a su Creador. ¿Por qué, entonces, aspirar a ser lo que no era?
Los árboles se dirigieron seguidamente a la higuera, que respondió: «¿He de dejar mi dulzura y mi buen fruto, para ir a ser grande sobre los árboles?» La higuera, al igual que el olivo, la vid e incluso la propia zarza, tiene un alto valor metafórico en la Biblia, pero su misión como árbol frutal es dar fruto y, llamada a producir dulzura, ¿por qué querría distraerse con ilusiones de grandeza?
Los árboles interpelaron en tercer lugar a la vid, que respondió: «¿He de dejar mi mosto, que alegra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?» El nexo entre el fruto de la vid y la alegría no requiere elaboración, como reconocería el sabio Qohélet: «No hay cosa mejor para el hombre, sino que coma y beba, y que su alma se alegre en su trabajo» (Ecl. 2:10). ¡Qué pérdida si la vid dejase de dar su mosto, y qué calamidad!
Por último, los árboles se dirigieron a la zarza, un arbusto espinoso que no proporciona ni sombra, pero que no rehúye la tentación de ser grande, con un alto concepto de sí. Así respondió la zarza: «Si en verdad me elegís por rey sobre vosotros, venid, abrigaos bajo mi sombra; y si no, salga fuego de la zarza y devore a los cedros del Líbano». La zarza es propensa a ser devorada por las llamas en cualquier incendio forestal, pero ni por eso renuncia a la tentación de ser alguien en el bosque.
Volvemos a las palabras de Pablo que citamos en un artículo anterior: «Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno» (Romanos 12:3). «La medida de fe» corresponde a nuestra capacidad de desarrollar los dones que nos ha dado Dios, lo que somos, y lo que aspiramos a ser.
Jotam conocía esta lección, y a él volveremos en nuestra próxima reflexión.
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