por S. Stuart Park
Frente al despreciable cinismo de Abimelec la honestidad de Jotam brilla con luz propia, y si aquel es tipificado como arbusto seco y espinoso, las cualidades del olivo, la higuera y la vid florecen en el talante de su hermano menor. La razón se encuentra, sin duda, en la tierra donde arraigaba su fe:
«Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada» (He. 6:7-8).
Estas palabras, dirigidas a lectores divididos entre quienes habían abrazado la fe de Cristo con valentía, y quienes fueron tentados a repudiar a su Rey, descubren la fuente que nutría la conducta de los dos hermanos. Jotam había bebido en los valores morales de Gedeón, un hombre de fe (ver He. 11:32), mientras que Abimelec manifestó los satánicos rasgos de su padre espiritual, el diablo.
Antes de dejar esta historia, un detalle más llama nuestra atención. Después de evocar la asamblea arbórea que tan brillantemente descubrió el horizonte moral y espiritual de su pueblo, Jotam pronunció estas sabias palabras:
«Ahora, pues, si con verdad y con integridad habéis procedido en hacer rey a Abimelec, y si habéis actuado bien con Jerobaal y con su casa, y si le habéis pagado conforme a la obra de sus manos (porque mi padre peleó por vosotros, y expuso su vida al peligro para libraros de mano de Madián, y vosotros os habéis levantado hoy contra la casa de mi padre, y habéis matado a sus hijos, setenta varones sobre una misma piedra; y habéis puesto por rey sobre los de Siquem a Abimelec hijo de su criada, por cuanto es vuestro hermano); si con verdad y con integridad habéis procedido hoy con Jerobaal y con su casa, que gocéis de Abimelec, y él goce de vosotros. Y si no, fuego salga de Abimelec, que consuma a los de Siquem y a la casa de Milo, y fuego salga de los de Siquem y de la casa de Milo, que consuma a Abimelec» (Jueces 9:16-20).
Si esto es lo que habéis decidido, vino a decir, será lo que Dios quiera, y no me opondré a vuestra decisión, pero vosotros seréis responsables de las consecuencias. Abimelec consiguió enseñorearse del pueblo con amenazas y consolidó con brutalidad su poder, y su comportamiento no nos debe sorprender. La ejecución pública de sus hermanos anunció su
modus operandi sin disimulo, y tres años después se produjo la inevitable conflagración como había advertido Jotam. Desde la noche de los tiempos la Historia ha sido testigo de actuaciones tan despóticas y malévolas como las suyas, que perduran hasta hoy.
Mientras tanto, los árboles que resistieron la tentación de ser grandes en el bosque de Siquem han tomado su lugar en la floresta simbólica de la Escritura, donde ilustran los valores humanos y divinos de Cristo. Y así nos despedimos de Jotam, que ha jugado un papel menor en la historia pero que por su talante y fe será, sin duda, grande en el reino de Dios.