por S. Stuart Park
Uno de los aspectos más entrañables del mundo de los pájaros es su entrega absoluta, sin distracciones ni titubeos, a su efímera vocación. Las habilidades que poseen las emplean al máximo de sus fuerzas, y todas se encaminan a un único fin, la supervivencia. Todo concuerda en ellos, y no hay contradicción; no así en el mundo de los hombres, donde el genio artístico puede convivir con el mal carácter, y casos ha habido muchos en el mundo.
El poeta romántico William Wordsworth (1770-1850), el más importante de los llamados
Lake Poets (los ‘poetas de los lagos’), ha dejado uno de los poemas más hermosos que hay en lengua inglesa (
‘The Daffodils’), aprendido de memoria por todos los escolares del país, inspirado en la visión repentina que tuvo mientras paseaba con su hermana Dorothy, de un banco de narcisos amarillos que danzaban agitados por la brisa en el margen de uno de los lagos de la región, brillando como las estrellas de la vía láctea, según las recordó. La memoria de aquella visión le acompañaba cuando descansaba, reclinado en su sofá:
Y entonces mi corazón se llena de placer,
y baila con los narcisos.
El bucólico entorno de los Lagos no formó en el poeta un carácter apacible, sin embargo, y Jorge Luis Borges relata el testimonio del filósofo norteamericano Ralph Waldo Emerson (1803-1882) después de hacerle una visita:
«Era un hombre de una gran vanidad, un hombre muy duro. Creo que Emerson cuenta que fue a visitarle, y le hizo una observación, Wordsworth la refutó inmediatamente ̶ según su costumbre, porque bastaba que le dijeran una cosa para que él sostuviera lo contrario ̶ , y al cabo de diez minutos o de un cuarto de hora, Wordsworth emitió la misma opinión que había encontrado absurda en Emerson. Entonces Emerson, con toda cortesía, le dijo: “Bueno, eso es lo que yo dije hace un rato”. Y entonces Wordsworth, indignado, dijo: Mine, mine, not yours! (¡Esto es mío, mío, no de Usted!). Y el otro comprendió que no se podía discutir con un señor de este carácter».
Contrasta marcadamente con el carácter de William el talante humilde de su devota hermana Dorothy (1771-1855), que permaneció a su lado incluso después de casado, y que le apoyó en toda su labor literaria. Ella misma era una gran observadora de la naturaleza, y a pesar de ser una autora notable, no quiso publicar sus escritos en vida por no detraer de la gloria de su hermano.
Sus publicaciones constan de recopilaciones de cartas, entradas en su diario y relatos cortos. Su obra más conocida es el Grasmere Journal (Diario de Grasmere), publicado por primera vez en 1897. El diario describía sus largas caminatas con su hermano, junto con destacados literatos de principios del siglo XIX, como Samuel Taylor Coleridge, Sir Walter Scott, Charles Lamb y Robert Southey. En el diario del 15 de abril de 1802 escribió (dos años antes del poema de su hermano):
«Nunca he visto narcisos tan hermosos, crecían entre las piedras cubiertas de musgo alrededor de ellos, algunos descansaban sus cabezas sobre estas piedras cubiertas de musgo como en una almohada para descansar y el resto se agitaban y bailaban y parecían reírse de verdad con el viento que soplaba sobre ellos en el lago; parecían tan alegres siempre mirando, siempre cambiando».
William nunca reconoció su deuda con los apuntes de Dorothy, pero como hemos visto, se atribuía ideas ajenas como propias sin el menor sonrojo ni titubeo. Dorothy murió a los 83 años después de padecer una senilidad profunda durante los últimos 20 años de su vida, y su obra solo fue reconocida después de su muerte.