por S. Stuart Park
A punto de entrar en el horario de invierno me acuerdo con nostalgia del principio del mes de abril, cuando despuntan los rosales, el albaricoquero echa sus hojas y el mirlo lanza su poderoso canto en la madrugada desde lo alto de las casas del vecindario. El sabio Salomón celebró el cambio de estación, y lo llamó el tiempo de la canción:
Porque he aquí ha pasado el invierno,
Se ha mudado, la lluvia se fue;
Se han mostrado las flores en la tierra,
El tiempo de la canción ha venido,
Y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola.
La higuera ha echado sus higos,
Y las vides en cierne dieron olor; (Cantar 2:11-13).
La flora y la fauna nos tienen mucho que enseñar en nuestro fugaz paso por el mundo. «Conozco a todas las aves de los montes, / Y todo lo que se mueve en los campos me pertenece» −dijo el Creador (Salmo 50:11)−, y Jesús nos invitó a observar los pájaros y conocerlos también. «Mirad las aves del cielo» −dijo (Mt 6:26)−, y el verbo griego significa mirar fijamente, con atención. Para el danés Søren Kierkegaard «ser hombre significa… poder aprender… de los lirios y los pájaros, ya que son nuestros maestros según las directrices del Evangelio».
La primavera señala un cambio, vida después de muerte, actividad febril tras el letargo invernal. El poeta del Cantar ve dinamismo en la Naturaleza, un despertar. El salmista unió su voz para cantar los cuidados de la mano del Creador:
Tú eres el que envía las fuentes por los arroyos;
Van entre los montes;
Dan de beber a todas las bestias del campo.
Mitigan su sed los asnos monteses.
A sus orillas habitan las aves de los cielos.
Cantan entre las ramas.
Él riega los montes desde sus aposentos;
Del fruto de sus obras se sacia la tierra.
Él hace producir el heno para las bestias,
Y la hierba para el servicio del hombre,
Sacando el pan de la tierra,
Y el vino que alegra el corazón del hombre,
El aceite que hace brillar el rostro,
Y el pan que sustenta la vida del hombre.
Se llenan de savia los árboles de Jehová,
Los cedros del Líbano que él plantó.
Allí anidan las aves;
En las hayas hace su casa la cigüeña.
(Salmo 104:10-17).
La renovación de la naturaleza hace cantar el corazón.