por S. Stuart Park
El verano pasado participé en un encuentro literario en Soria celebrado en honor a José Jiménez Lozano, donde tuve el privilegio de presentar una ponencia bajo el tema ‘La presencia de lo bíblico en la obra de José Jiménez Lozano’. La Biblia, omnipresente en sus ensayos, novelas, cuentos y poesía, ha permeado el estilo y moldeado los contornos conceptuales de la obra de Jiménez Lozano, un hecho que le distingue entre todos los autores contemporáneos. Sorprende, por tanto, la confesión del escritor, recogida en
El viaje a Oxford que nunca tuvo lugar, de reciente publicación:
«Lo que yo pienso es que la presencia bíblica en mi escritura es de las cosas que más me han perjudicado como escritor, porque de este modo me he marginado o he sido marginado por mi temática y mi lenguaje y ciertos prejuicios ideológicos muy hispánicos».
Jiménez Lozano ha honrado en sus cuentos a una multitud de hombres y mujeres de la Biblia, ha escrito maravillosos ensayos sobre personajes como fray Luis de León, Teresa de Jesús y Juan de la Cruz, ha denunciado la discriminación política y religiosa en su impresionante estudio
Los cementerios civiles y la heterodoxia española, o
El Sambenito, y en su poesía las alusiones bíblicas, incluso citas directas, impregnan sus ingeniosos «poemillas», como los llamaba él.
¿A qué se debe la marginación del escritor? En parte por el rechazo de la Biblia en una sociedad que la identifica con una religión trasnochada y antaño opresora; en parte también porque no se entienden aquellas historias que tanto fascinaron a Jiménez Lozano, y cuya huella inspira su visión del mundo aun cuando no emplea una referencia bíblica directa:
Carpe diem, dijiste,
querido Horacio, pero,
¿y los que no tienen día y sólo noche?
Y los que gimen bajo el látigo,
y quieren que oscurezca pronto con la muerte,
¿no tendrán ni un verso tuyo?
Este breve poema bien podría servir de pórtico para la lectura de Job o Eclesiastés, pero la alusión clásica evita el escollo de la referencia bíblica, a diferencia de los versos que siguen:
Un ala de un gorrión rota,
pone en cuestión a Dios.
La alusión es a Mateo 10:29, y la cuestión teológica, profunda. Jiménez Lozano no predica, como los poetas metafísicos ingleses, y emplea la referencia bíblica para plantear los interrogantes duros de la vida, pese a quien pese, y frente a quienes le han marginado por su temática y su lenguaje.