por S. Stuart Park
En el gran esquema de las cosas la figura de José adquiere una importancia trascendental, ya que, al invitar a sus hermanos a ocupar el fértil delta del Nilo con sus rebaños, andando el tiempo la familia de Jacob se convirtió en una nación próspera y grande. Podría pensarse, por tanto, que, si los hermanos no hubiesen actuado con vileza al abandonar a su suerte a José, la historia de Israel habría quedado truncada.
Podría pensarse, y con razón, ya que el propio texto bíblico nos invita a compartir esta sorprendente visión. Después de darse a conocer, el propio José, desde su honda emoción, calmó el alma turbada de sus hermanos con esta hermosa reflexión:
«Entonces se dio a llorar a gritos; y oyeron los egipcios, y oyó también la casa de Faraón. Y dijo José a sus hermanos: Yo soy José; ¿vive aún mi padre? Y sus hermanos no pudieron responderle, porque estaban turbados delante de él. Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a mí. Y ellos se acercaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto. Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros. Pues ya ha habido dos años de hambre en medio de la tierra, y aún quedan cinco años en los cuales ni habrá arada ni siega. Y Dios me envió delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberación. Así, pues, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón y por señor de toda su casa, y por gobernador en toda la tierra de Egipto»
(Gn. 45:2-8).No hay duda de que los hermanos eran responsables de sus actos: lo recordó José: «Yo soy José vuestro hermano,
el que vendisteis para Egipto». Por ello, precisamente, procuró su arrepentimiento y reconciliación. Cuando se presentaron en su casa, cabían cuatro posibles reacciones por parte de José: vengarse de ellos, dándoles su merecido; burlarse de ellos, haciendo alarde de su superioridad; dar carpetazo al asunto, consignando su crimen al olvido; o confrontarles con la realidad de sus hechos delictivos, para poderlos superar; y esto hizo, pero de manera inesperada (caps. 42-44).
La estrategia de José vertebra las escenas más poderosas de la Biblia, que sondean profundidades psicológicas y emocionales, morales y espirituales, sin parangón. La clave está en la manera en que José
vela su gloria y oculta su identidad para permitir que sus propios hermanos reconozcan su pecado sin coacción ni coerción alguna, y en esto José se revela como un verdadero pastor, y recuerda la manera de ser de Cristo en el mundo.
En una aguda reflexión sobre el tema de la Memoria (tan actual), el filósofo Reyes Mate ha mostrado cómo al hacer memoria los hechos brutos adquieren fondo, no solo perfil: «Podríamos ilustrar el papel de la memoria en el conocimiento de la realidad acudiendo a la obra de Eduardo Chillida. Lo singular de su obra son los huecos o vacíos que se cuelan al interior de esos contundentes materiales. En
El Peine de los Vientos es el mar. Gracias a esos vacíos se hacen presentes otros mundos».
En la historia de José y sus hermanos esos huecos o vacíos, las interioridades del alma de sus protagonistas, hacen presente el reino de los cielos, el amor de Dios por el mundo.