La figura de la reina Vasti ha pasado casi desapercibida por las páginas de la Historia, y cualquier noticia que haya generado, aparte de la de su gran belleza, consiste en su negativa a comparecer ante la corte imperial como trofeo. El hecho disgustó al rey, naturalmente, y por extraño que parezca, no pocos lectores cristianos han censurado su conducta después. A nuestro juicio Vasti tomó una decisión heroica en pro de la dignidad de la mujer ya que, debido a ella, perdió su corona real. Su valentía debería hacernos reflexionar.
«El séptimo día, estando el corazón del rey alegre del vino, mandó a Mehumán, Bizta, Harbona, Bigta, Abagta, Zetar y Carcas, siete eunucos que servían delante del rey Asuero, de que trajesen a la reina Vasti a la presencia del rey con la corona regia, para mostrar a los pueblos y a los príncipes su belleza; porque era hermosa. Mas la reina Vasti no quiso comparecer a la orden del rey enviada por medio de los eunucos; y el rey se enojó mucho, y se encendió en ira. Preguntó entonces el rey a los sabios que conocían los tiempos (porque así acostumbraba el rey con todos los que sabían la ley y el derecho; y estaban junto a él Carsena, Setar, Admata, Tarsis, Meres, Marsena y Memucán, siete príncipes de Persia y de Media que veían la cara del rey, y se sentaban los primeros del reino); les preguntó qué se había de hacer con la reina Vasti según la ley, por cuanto no había cumplido la orden del rey Asuero enviada por medio de los eunucos.
Y dijo Memucán delante del rey y de los príncipes: No solamente contra el rey ha pecado la reina Vasti, sino contra todos los príncipes, y contra todos los pueblos que hay en todas las provincias del rey Asuero. Porque este hecho de la reina llegará a oídos de todas las mujeres, y ellas tendrán en poca estima a sus maridos, diciendo: El rey Asuero mandó traer delante de sí a la reina Vasti, y ella no vino. Y entonces dirán esto las señoras de Persia y de Media que oigan el hecho de la reina, a todos los príncipes del rey; y habrá mucho menosprecio y enojo» (1:10-18).
Cundió el pánico en la corte del emperador, que vio cómo a punto estaban de tambalear los cimientos de su reino y quedar en nada la magnificiencia de su poder: ¡las señoras de Persia y de Media se levantarán en pie de guerra contra sus maridos, y algo habrá que hacer!
He aquí el sabio consejo de Memucán:
«Si parece bien al rey, salga un decreto real de vuestra majestad y se escriba entre las leyes de Persia y de Media, para que no sea quebrantado: Que Vasti no venga más delante del rey Asuero; y el rey haga reina a otra que sea mejor que ella. Y el decreto que dicte el rey será oído en todo su reino, aunque es grande, y todas las mujeres darán honra a sus maridos, desde el mayor hasta el menor. Agradó esta palabra a los ojos del rey y de los príncipes, e hizo el rey conforme al dicho de Memucán; pues envió cartas a todas las provincias del rey, a cada provincia conforme a su escritura, y a cada pueblo conforme a su lenguaje, diciendo que todo hombre afirmase su autoridad en su casa; y que se publicase esto en la lengua de su pueblo» (1:19-22).
El sistema de correos del imperio persa era universal y muy eficaz, y allí tenemos a los maridos del reino dando un golpe en la mesa, diciendo: ¡Aquí mando yo! La situación sería cómica si no fuese trágicamente real. Lo asombroso es que muchos maridos cristianos les darían la razón.
Lecturas de este Artículo: 614
Si desea participar con su opinión sobre los Artículos del Blog, debe registrarse como usuario. Gracias.
NOTA: Si ha recibido alguno de nuestros boletines, NO tiene que registrarse como Nuevo Usuario. Sólo tiene que recuperar su Nombre de Usuario pulsando sobre [Desconozco mi Usuario],
y luego su Contraseña pulsando en [Desconozco mi Contraseña], en ese orden. Gracias.
Despues podrá disfrutar de las ventajas de estar registrado en nuestra intranet.