por S. Stuart Park
El formato de estos breves artículos impide un tratamiento a fondo de la temática de
Ester (a la que dedico un capítulo más extenso en
La palabra suficiente), y baste decir que, si la negativa de Vasti ilumina con luz propia el
machismo de Asuero, la decisión de Ester de arriesgar su vida en pro de su pueblo ilustra la nobleza del carácter femenino.
No deja de sorprender la escasa, o nula, repercusión de la historia de Ester, incluso en los foros más declaradamente feministas. Resulta extraño, ya que la negativa de Vasti a comparecer ante los cortesanos del reino ha puesto muy a las claras la actitud opresora de Asuero, y la decisiva acción de Ester reivindicará con brillantez la grandeza moral de una mujer valiente.
Tras la destitución de Vasti, la hermosa Ester (que deriva de Hadassah = ‘Estrella’) fue elegida reina para ocupar su lugar. Su tío adoptivo Mardoqueo la había educado en los valores de su fe y cuando el perverso Amán urdió un complot para asesinar a todos los judíos del imperio, Ester no dudó en acudir ante la presencia del rey para interceder por ellos
sin ser llamada, lo que podría acarrear su muerte según las leyes de Persia.
Tras la publicación del decreto de Amán, Mardoqueo encargó a Ester que fuese ante el rey a suplicarle y a interceder delante de él por su pueblo. He aquí su respuesta:
«Todos los siervos del rey, y el pueblo de las provincias del rey, saben que cualquier hombre o mujer que entra en el patio interior para ver al rey, sin ser llamado, una sola ley hay respecto a él: ha de morir; salvo aquel a quien el rey extendiere el cetro de oro, el cual vivirá; y yo no he sido llamada para ver al rey estos treinta días. Y dijeron a Mardoqueo las palabras de Ester.
Entonces dijo Mardoqueo que respondiesen a Ester: No pienses que escaparás en la casa del rey más que cualquier otro judío. Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?»
Y Ester dijo que respondiesen a Mardoqueo:
«Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche y día; yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca. Entonces Mardoqueo fue, e hizo conforme a todo lo que le mandó Ester» (4:11-17).
Hemos notado en una página anterior los ecos lejanos del Edén en el paraíso artificial de Asuero, y la referencia no es caprichosa ni baladí. La desavenencia de la primera pareja encuentra respuesta en la comunión espiritual de Mardoqueo y Ester, paradigma ejemplar del comportamiento regio del hombre y la mujer en el mundo.