Contra esto y aquello Reyes y reyezuelos (45)
por S. Stuart Park Valladolid, 08 de Abril de 2022
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Universidad de Salamanca |
Contra esto y aquello es el título de un libro escrito por Miguel de Unamuno en 1928 para protestar por la deriva que tomaba su país. El rector salmantino era un intelectual combativo, ciertamente, y en esto encarnaba el espíritu hispano, que tiende a la discusión, cuando no a la confrontación dialéctica, y para muestra, un botón.
Un compañero de estudios chileno en Philadelphia se unía a cualquier conversación diciendo: «¿De qué se habla para contradecir?», y aunque de una broma se trataba, sus palabras ponían de manifiesto una tendencia que ilustraré con una anécdota familiar.
En mi país de origen, si mi madre cruzaba con una vecina en un día soleado de junio, oiría estas palabras, o parecidas: “Glorious day, isn’t it, Mary?” (cualquier día de sol es considerado ‘glorioso’ en aquel lluvioso país), y su respuesta sería, con toda seguridad: “Yes, it´s a lovely day”. Se trataba, por tanto, tan solo de un saludo que no requería discusión. Intentémoslo en Valladolid, por contra, y nuestras palabras se encontrarán con una inevitable matización:
«Hace bueno, ¿verdad?» –proponemos a modo de amigable observación–, y nuestro vecino contestará, con toda probabilidad: «Ayer hizo mejor», o: «Por la mañana hacía bastante frío». Se trata de llevar la contraria, o por lo menos matizar, y personas hay que responden a cualquier opinión con un rotundo ‘No’ inicial.
Huelga decir que no se trata de un defecto en el caso vallisoletano: tal vez la acostumbrada contradicción no es más que otro aspecto de la dialéctica inofensiva que, en ambos casos, hace posible la comunicación social.
Estos matices son importantes ya que ponen de manifiesto el aspecto cultural del lenguaje, y para comunicarse en un país extranjero, como ha sido mi caso desde 1976, es necesario conocer no solo el significado de las palabras sueltas sino su contexto social.
«¡Dan agua!» me dijo el otro día un jardinero asturiano (cosa bastante frecuente en aquel Paraíso Natural) y recordé mi sorpresa cuando oí la expresión por primera vez. En el telediario había escuchado (con no menos intriga) que «se producirán precipitaciones en el cuadrante septentrional de la Península» («el Parte» lo suelen llamar), y después de descifrar ambos pronósticos he de decir que «dan agua» resulta más contundente, aunque prefiero decir que esta tarde lloverá.
Hablando de la meteorología, aún soy incapaz de entender las medidas que se dan respecto de la cantidad de lluvia que se pronostica, y trato de visualizar, sin éxito, los ´30 litros por metro cuadrado’ que han caído, o que caerán, en tal o cual lugar de España, y lo traduzco rápidamente en milímetros (30) que sí soy capaz de visualizar.
Las raíces latinas han producido una lengua espléndida, la española, con mayor número de sílabas por metro cuadrado que el inglés (compárese carretera con road) y de una belleza inestimable. El inglés es más monosilábico (on, off, por encendido, apagado) de ahí su fácil encaje en el mundo de la tecnología.
Después de esta pequeña digresión conviene aplicar el asunto a la hermenéutica bíblica (faltaba más) y en la próxima entrega hablaremos del lenguaje que empleó Jesús.
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COMENTARIOS DE LOS LECTORES: 1
08/04/2022 Stuart, curiosa observación sobre el español en «Reyes y reyezuelos». Conviene siempre escuchar con atención tus inteligentes observaciones.
Gracias y abrazo.Aurelio GARCÍA MACÍAS Roma |
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