por S. Stuart Park
Un curioso episodio cierra el apartado de los amores de David, la búsqueda de una joven hermosa para dormir a su lado y servirle en su vejez extrema. Se trata de Abisag sunamita, cuya pequeña contribución al bienestar de David tendría consecuencias dinásticas ya que gracias a la intervención de la reina Betsabé, el usurpador Adonías fue frustrado en su intento de tomarla como esposa después de la muerte de David y proclamarse rey en lugar de Salomón, el legítimo sucesor:
«Cuando el rey David era viejo y avanzado en días, le cubrían de ropas, pero no se calentaba. Le dijeron, por tanto, sus siervos: Busquen para mi señor el rey una joven virgen, para que esté delante del rey y lo abrigue, y duerma a su lado, y entrará en calor mi señor el rey. Y buscaron una joven hermosa por toda la tierra de Israel, y hallaron a Abisag sunamita, y la trajeron al rey. Y la joven era hermosa; y ella abrigaba al rey, y le servía; pero el rey nunca la conoció» (1 Reyes 1:1-4).
La figura de Abisag ha dado mucho que hablar y el simbolismo evidente de la escena ha ejercitado la imaginación de artistas y escritores, entre ellos Miguel de Unamuno en su libro
La agonía del Cristianismo, y la razón no es difícil de adivinar. Al margen de su importancia política (1 R. 2:13-25), la presencia de la hermosa sunamita en la alcoba del rey cierra el círculo de sus relaciones sexuales, y su impotencia final da la medida de su declive corporal y senectud.
La decrepitud física del anciano rey contrasta marcadamente con la tumultuosa vida amorosa y las tragedias familiares que le acompañaron a lo largo de su vida. Al final de su reinado, sin embargo, le vemos impotente y tiritando de frío en la cama. Si para Unamuno Abisag representaba la incompatibilidad de la fe frente a la razón, algunos intérpretes, menos metafísicos, piensan que el episodio era un mero pretexto literario para traer a la sunamita, y que esta permaneciese virgen para que muerto el rey la pretendiera el usurpador Adonías, precipitando así su propia destrucción.
Robert Alter, uno de los estudiosos más importantes de la historia de David, ve en la escena de Abisag una simbólica inversión del hecho que tantos problemas acarreó para el rey, es decir, que se trata de un recuerdo irónico de su caída en pecado. Otros muchos, aunque menos literarios, también tienen claro que el deterioro físico de David se debe a sus pecados, que fueron muchos y muy graves, según señalan. Todo hace pensar, sin embargo, que se trata de una manera gráfica de certificar la impotencia física del rey, lo que señalaría para todos los efectos el fin de su reinado.
Ahora bien, David no había perdido todas sus facultades, y uno de sus últimos actos como rey antes de
«dormir con sus padres» (1 R. 2:10) fue su intervención en favor de su hijo Salomón, dando instrucciones a la reina Betsabé, al sacerdote Sadoc y al profeta Natán, para frenar al usurpador Adonías y garantizar la sucesión. Su matrimonio con Betsabé resultó providencial, por tanto, ya que aquel enlace dio como fruto la venida al mundo de Salomón, el rey más sabio de la antigüedad, y la triste muerte de su hijo recién nacido permitió el acceso de Salomón al trono de Israel.
El asunto da que pensar.