por S. Stuart Park
Los cuatro rostros del amor se funden en uno en el rostro de Dios: la amabilidad que encierra el Segundo Mandamiento y que ha de extenderse a cualquier prójimo por igual; la relación entre amigos, más íntima y personal; el amor pasional que es también un don de Dios -«llama de Yahvé» la nombra el autor del sublime Cantar (8:6)-; y el amor divino fuente de todo amor que define el carácter de Dios (1 Jn. 8:6).
El rostro de Dios se percibe en la hermosura del alelí, el clavel y la magnolia, en el canto de las aves, en la puesta del sol, en la sonrisa de un niño feliz, en el padre que abre sus brazos para recibir al hijo extraviado que vuelve, en la alegría de la viuda que halló la moneda perdida, en la satisfacción del pastor que dejó a las noventa y nueve para buscar a la oveja descarriada, y en toda la hermosura y felicidad del mundo. Se ve no menos en el rostro desfigurado de Cristo en la cruz, conocedor de la agonía de una madre enlutada, el horror del maltrato y la vileza del tirano cruel. Escribió Juan: «A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer» (Jn. 1:18), y en el aposento alto donde Jesús se reunió con sus discípulos antes de ir a la Cruz dijo: «El que me ha visto a mí, ha visto el Padre» (Jn. 14:9). Pablo lo entendió a la perfección:
«Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús. Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo» (2 Co. 4:5-6).
La gloria de Dios que se manifiesta en el trueno y en el rayo, en la brisa suave y en la flor, se nos ha dado a conocer de manera suprema en la faz de Jesucristo, el rostro de Dios hecho humano para que le pudiéramos contemplar. Y así llegamos al fin de nuestra reflexión con el amor de Dios el divino
Quid pro Quo que quita nuestro pecado y enmienda nuestro error.
He compartido estas líneas sin pretensión alguna de aleccionar a nadie, consciente de que vosotros, mis pacientes lectores, podríais darme consejos mejores y más pertinentes a mí. Tampoco con la pretensión de convencer a nadie. Hay quien contempla la armonía del Universo, o la belleza de una flor, sin asumir la existencia de un Creador, y hay quien descarta por incomprensible la propuesta de Dios en Jesucristo o la considera una locura. A través de estas páginas he expuesto libremente mi propio parecer, y agradezco profundamente el cariño y el respeto con el que habéis seguido estos escritos semana a semana, hasta aquí. Termino con las palabras con las que comenzó mi propia peregrinación espiritual, la invitación que Cristo extiende a todos nosotros, ahora y siempre, sea cual fuere nuestro trasfondo o condición:
«He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo» (Apoc. 3:20).
De este modo el
Deus absconditus se da a conocer y nos ofrece su amistad y comunión. Gracias de todo corazón por acompañarme hasta aquí.
28/05/2025 Muchas gracias, Stuart, por compartir tus valiosas e inspiradoras reflexiones sobre este tema tan importante del amor, que, en los tiempos que corren, está ciertamente manipulado y tergiversado, pero podemos conocer el verdadero amor que Dios nos mostró en su Hijo Jesucristo.Tomás PÉREZ MARTÍNEZ Valencia |
25/05/2025 Pocas cosas son comparables al tremendo honor que me haces al poder colaborar en un trabajo como este, aunque solo sea desde la humilde parcela tecnológica.
Comenzamos en 2019 una web para visibilizar tus preciados libros, luego pensaste en desarrollar un blog anual de publicación semanal, y ya hemos completado el sexto de ellos.
¡A por el séptimo!
Y, de nuevo, gracias, maestro.Manuel MARTÍNEZ MUÑOZ Maestro jubilado, enamorado de la lectura. |
23/05/2025 ¡Qué preciosidad! Un broche magnífico, diría sublime, a los Cuatro Rostros del Amor.
Gracias por el deleite que supone leerte, y el estímulo a la admiración y adoración a nuestro común Señor que portan tus escritos.
Un muy fuerte abrazo, muy querido hermano.Jesús BARAJAS Santovenia de Pisuerga |
23/05/2025 Excelente conclusión para 'Los cuatro rostros del amor'. Contemplar el rostro de Dios en la faz de Jesucristo. La mejor posición.
Gracias StuartJustina SANZ CACHO Santovenia de Pisuerga. |