Deus absconditus Cuestiones de Palabras (6).
por S. Stuart Park Valladolid, 04 de Julio de 2025
 |
Henry James |
El «Dios desconocido» de los atenienses es el Dios a quien nadie ha visto jamás (Jn. 1:18), el Deus absconditus de la versión latina de Isaías: «Verdaderamente tú eres Dios que te encubres, Dios de Israel, que salvas» (45:15). Unos visitantes muy queridos para nosotros nos han invitado a pensar en el «Dios que se encubre», y de ellos hablaré a continuación.
A lo largo de una primavera y verano que han alternado entre lluvias intensas y sol, una pareja de mirlos ha hecho su nido en la hiedra que cubre la pared en frente de nuestra cocina en Valladolid, y ha sacado adelante nada menos que tres puestas lo que nos ha permitido observarlos de cerca durante semanas. La hembra, de un discreto plumaje marrón, recorre el césped de nuestro pequeño jardín en busca de comida (Mme. Merle la llamo, por el nombre de un personaje de Retrato de una dama de Henry James), mientras su compañero canta desde el albaricoquero para acompañarla en su incesante labor.
Como sabrán mis lectores, el mirlo lanza su hermoso canto desde altas horas de la madrugada mientras la mirla solo emite sonidos suaves, como para tranquilizar a sus crías, podemos pensar. Si M. Merle divisa la presencia de un gato o una urraca, sin embargo, emitirá una serie de airadas invectivas, incluso puede lanzarse en picado sobre el intruso hasta que vuelva la calma.
No sé si los mirlos piensan —pareciera que sí, porque no son ni torpes ni ingenuos en el empleo de su tiempo, en la construcción de su nido y en el cuidado de su prole—, pero si pudieran reflexionar llegarían a la conclusión, sin duda, de que el pequeño jardín con su pared cubierta de hiedra y su cuidado césped había sido creado para ellos, para su sostenimiento y prosperidad.
No sabrían quiénes habían plantado el albaricoquero o cultivado el jardín, ni que los seres humanos que los contemplan solo velan por su bien, porque ante cualquier movimiento brusco por nuestra parte levantan el vuelo con muestras de irritación y alarma.
¿Qué observamos a diario al verlos por el jardín y mientras escuchamos su hermoso canto? Vemos unas criaturas perfectamente adaptadas a su medio, con todo lo que necesitan para sacar adelante su pequeña familia en un entorno que pareciera haber sido diseñado para ellos, aunque desconozcan la mano que lo hizo ni son conscientes de los ojos que los contemplan con cariño y satisfacción.
Los mirlos no razonan, por supuesto, ni pueden. No conocen la trascendencia y se conforman con la finitud. En esto coinciden con los agnósticos, si se me permite esta pequeña licencia, aunque los agnósticos sí razonan, y mucho, como se verá a continuación.
Lecturas de este Artículo: 282
| Si desea participar con su opinión sobre los Artículos del Blog, debe registrarse como usuario. Gracias. |
|