La Biblia como libro Cuestiones de Palabras (9).
por S. Stuart Park Valladolid, 25 de Julio de 2025
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Biblioteca Nacional. Madrid. |
La Biblia es un libro que puede colocarse en una estantería junto con cualquier otro. Consta de sesenta y seis libros aceptados como canónicos por toda la cristiandad (algunas ediciones incluyen otros libros llamados apócrifos) que abarcan una gran diversidad de géneros literarios: Historia, Ley, Sabiduría, Profecía, Evangelio, Epístola y Apocalipsis.
La Biblia es un libro como cualquier otro, pero no hay ningún otro libro en el mundo estructurado como la Biblia. Un hilo conductor unifica el texto: la preparación de la venida de Cristo en el Antiguo Testamento y su cumplimiento en el Nuevo. No se trata de una progresión diacrónica sin más, sino que cada parte de la Biblia entra en una relación dialéctica con la totalidad, de una complejidad asombrosa, que lo convierte en un texto único en la historia de la literatura.
Afortunadamente para nosotros, los autores del Nuevo Testamento se encargaron de interpretar el Antiguo Testamento a la luz de Cristo, de modo que cuando Pablo declaró que el evangelio de la muerte y resurrección de Jesús que él predicaba era «conforme a las Escrituras», como notamos en el artículo anterior, sus palabras pueden entenderse como la clave de la interpretación bíblica.
Volviendo a la predicación de Pablo en Atenas, recordamos que el apóstol concluyó su discurso diciendo que «Dios ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos». Sería más exacto, por tanto, decir que el Antiguo Testamento prefigura dos venidas del Mesías; la Primera para efectuar su obra de Redención; la Segunda, aún por venir, para juzgar el mundo.
Hasta aquí, nada que no conocen mis pacientes lectores: se trata del abecedario de la fe cristiana. Lo traigo a colación para contrastar la literatura bíblica con la propuesta del agnosticismo: «Lo que no admite el agnóstico… es una divinidad que trascienda al mundo, entendiendo por mundo la finitud. El agnóstico dice que no es posible conocer nada que esté fuera de sus posibilidades de conocer y que sus posibilidades de conocer se agotan en lo finito».
Valórese como se valore, la Biblia representa una propuesta total de trascendencia. Comienza con estas palabras: «En el principio Dios creó los cielos y la tierra» (Gn. 1:1); y termina con estas otras: «Ven, Señor Jesús. La gracia de nuestro Señor Jesús sea con todos vosotros. Amén» (Apoc. 22:20-21). ¿Es seguro, por tanto, que nuestras posibilidades de conocer «se agotan en lo finito»? ¿Es creíble la propuesta de la Biblia, o se trata de una fantasía?
Viene a la mente el trastorno que padeció Alonso Quijano en el pueblo manchego donde la lectura de las novelas de caballerías le secó el cerebro. Creyó que el mundo caballeresco era real, y salió a enfrentarse con jayanes y desfacer entuertos en nombre de su ideal. ¿Sucede algo parecido con nuestra lectura de la Biblia? Sobre la realidad del mundo bíblico y la implicación de sus palabras hablaremos a continuación.
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