EL VALOR DE LAS PALABRAS Cuestiones de Palabras. El valor de la palabras (14).
por S. Stuart Park Valladolid, 29 de Agosto de 2025
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C´est à Paris? |
Tantas clases de idiomas hay, seguramente, en el mundo, y ninguno de ellos carece de significado. Pero si yo ignoro el valor de las palabras, seré como extranjero para el que habla, y el que habla será como extranjero para mí (1 Corintios 14:10-11).
El contexto de estas palabras de Pablo es eclesial y forma parte de su protesta contra el abuso por parte de los corintios del empleo del don de lenguas (la glosolalia) en público. El apóstol, como es lógico y natural, dice que prefiere hablar en la iglesia «cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida» (1 Co. 14:19).
Pablo califica la actitud de los corintios como infantil (v. 20) y si bien para la mayoría de nosotros el asunto parecerá arcano, la cuestión de fondo sigue muy vigente: se trata de nuestra capacidad de comunicarnos de manera entendible en el ámbito espiritual. Pero antes de entrar en nuestro tema, permitidme —como extranjero que soy en España— recordar algunas de las anécdotas que forman parte del proceso de aprendizaje de un nuevo idioma, algunas de ellas un tanto embarazosas.
Recuerdo de mi primer viaje a España que, intentando averiguar en una estación cerca de París si el tren que se aproximaba iba en dirección a la capital, pregunté a otro viajero: «C’est à Paris?», que para mí significaba «¿Va a París?» cuando la frase quiere decir: «¿Estamos en París?». El asunto puede parecer trivial, pero el tono despectivo de mi extrañado interlocutor cuando me informó de que no, no estábamos en la capital francesa, ha quedado conmigo desde entonces.
Una vez instalado en España, la primera vez que fui invitado a comentar un texto bíblico ante un grupo de oyentes, la historia del paralítico en Jn. 5, me referí al estanque donde se congregaban los enfermos como el estanco de Betesda, y hay palabras que todavía me cuesta distinguir sin una breve pausa para no cometer error, aunque ninguna equivocación tan cómica como la del compañero inglés recién llegado a Valladolid que necesitaba renovar su bombona de gas y habiendo visto un anuncio de la conocida marca Bombones Uña llamó por teléfono a la empresa para llenar su bombón. Después de una acalorada discusión telefónica donde quienes no entendían el castellano eran los empleados de la empresa, según él, mi amigo se presentó en la entrada con una bombona de gas para vergüenza suya y gran hilaridad del nutrido grupo de empleados que le esperaban intrigados en la escalinata de las oficinas de la empresa.
El anecdotario podría multiplicarse y lo dejaremos así, no sin agradecer a quienes han soportado con cariño nuestros errores, para pasar a un tema más importante, el abuso de términos que debido a su empleo irreflexivo se desvirtúan y pierden su valor. Fue el escritor C.S. Lewis quien advirtió de que si usamos la palabra «infinito» en demasía, ¿qué diremos cuando queramos referirnos a la verdadera infinitud?
Algo parecido sucede con los titulares de la prensa deportiva donde cualquier remontada in extremis resulta épica, cuando no sencillamente milagrosa. Sucede también en el mundo del lenguaje religioso.
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COMENTARIOS DE LOS LECTORES: 1
29/08/2025 Dear Stuart, I enjoyed your latest blog, containing some of the linguistic mistakes you made in French and Spanish. And I liked the illustration and its caption! I have made (still make) plenty of mistakes in all my languages!Liliane M. VASSBERG Austin, Texas. EEUU. |
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