El escándalo de la Cruz Cuestiones de Palabras (21).
por S. Stuart Park Valladolid, 17 de Octubre de 2025
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Rafael Sánchez Ferlosio |
La historia del sacrificio de Isaac fundamenta la doctrina de la justificación elaborada posteriormente por los autores del Nuevo Testamento. Abraham fue justificado por la fe, y la autenticidad de su fe fue ratificada por su acto de obediencia en Moriah. Dios mismo aprobó su acción: «Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único » (Gn. 22:12).
La orden de sacrificar a Isaac ha generado toda suerte de críticas y descalificaciones. El Dios de Abraham ha sido tildado de malévolo, sádico e infanticida por el científico ateo Richard Dawkins, y el Premio Cervantes Rafael Sánchez Ferlosio entendió que «Abraham ha sido incitado u obligado por Yahvé a cometer el crimen o pecado supremo de la “ley natural”… matar a un hijo», y opina que ningún intento de racionalizar aquella barbarie la puede justificar. El propio texto de Génesis, sin embargo, invita a pensar que el asunto no es tan simple, como el propio Sánchez Ferlosio reconoce en su interesante discusión del texto (Gn. 22):
«Desde el principio he desconsiderado la dificultad que podría comportar para mi propia tesis el diálogo de los versículos 7 y 8, que es el siguiente: 7. «Entonces habló Isaac a Abraham su padre y dijo: "Padre mío", y él respondió "Heme aquí, mi hijo". Y él dijo: "He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está la res para el holocausto?" 8. Respondió Abraham: "Dios proveerá la res para el holocausto, hijo mío". Esta respuesta podría interpretarse como expresión de una secreta confianza o certidumbre por parte de Abraham de que Dios no va a permitir que él mate a su único hijo, tan amado, y sobre todo tan necesario para que su «simiente» perpetúe la descendencia prometida de la alianza. Pero sería incurrir en la terrible vulgaridad de convertir el sacrificio de Isaac en una pamema, en una ficción, en un jueguecito en el que Dios y Abraham se hubiesen guiñado el ojo, de modo que la prueba de obediencia de Abraham no sería más que una comedia coram populo. Dudar de la convicción de Abraham sobre la terrible seriedad de Dios sería como dudar de la sinceridad de Cristo en… la frase que se ha conservado en arameo: “Eli, Eli, ¿lamma sabactani?”».
En efecto, no se trata de una pamema, y el autor de Hebreos, citado anteriormente, lo entendió así: «Por la fe Abraham… ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir». La fe razona «en esperanza contra esperanza», y Jesús, «el autor y consumador de la fe… por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz» (He. 12:1).
El autor de un libro tan serio como el Génesis, plenamente consciente de la inmoralidad del infanticidio practicado por los pueblos paganos de su entorno, nunca habría inventado una historia que ponga en tela de juicio tanto el equilibrio mental de Abraham como la integridad moral de Yahvé. Dirige nuestra atención, como acertadamente vio el Sr. Sánchez Ferlosio, al escándalo de la Cruz, el punto de inflexión de la Historia y piedra angular de la fe.
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