por S. Stuart Park
Por qué no entendéis mi lenguaje (λαλιὰν)? Porque no podéis escuchar mi palabra (λόγον)» (Juan 8:43). Con esta solemne advertencia a quienes rechazaban su enseñanza, Jesús invirtió la relación lingüística normal entre continente y contenido. Resulta evidente que si no se entiende el lenguaje no se escuchará el mensaje, pero Jesús afirmó, contrariamente, que la incomprensión por parte de sus oyentes no se debía al desconocimiento de sus palabras (
λαλιὰν), sino a la incapacidad de ellos de escuchar su mensaje (
λόγον).
El sentido de la advertencia es claro: las palabras de Jesús —llanas y perfectamente entendibles por quienes hablaban el mismo idioma que él— poseían un significado espiritual que no podían, o no querían, escuchar. El asunto trasciende no solo las palabras pronunciadas por Jesús sino abarca la naturaleza de toda la Escritura como Palabra de Dios. Pero antes de entrar en un tema ciertamente trascendental, permítaseme contar una curiosa anécdota personal.
Mientras meditaba en las palabras de Cristo citadas arriba, en uno de esos períodos de duermevela nocturnos que atienden a personas de mi edad, de pronto vino a mi mente la primera línea de un soneto de John Clare (1793-1864), un mozo de labranza sin estudios, autodidacta como el famélico predicador que Charles Spurgeon escucharía años después, amante de la naturaleza y poeta sublime, que reza así:
«El pato salvaje se sobresalta como un pensamiento repentino».
A primera vista, el recuerdo del pato salvaje que John Clare habría observado en sus labores en el campo o sus paseos en busca de nidos, nada tiene que ver con nuestro tema, pero en una de aquellas extrañas coincidencias que se producen de vez en cuando sin ser convocadas, resulta que el poeta también invirtió la secuencia natural para formular su verso: en vez de buscar una metáfora para ilustrar «un pensamiento repentino» y encontrarlo en el sobresalto de un pato salvaje, procedió a la inversa y vio en el sobresalto del pato salvaje una ingeniosa similitud con la aparición de un pensamiento repentino.
John Clare procedió de lo concreto a lo inmaterial porque veía en la Naturaleza aquellas intuiciones que han caracterizado a los poetas de todos los tiempos; y lo mismo hacía Jesús en un plano superior: «quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio» en frase de Pablo (2 Ti. 1:10), una realidad que muchos no podían, o no querían, escuchar.
No todos percibirían la similitud del sobresalto de un pato salvaje con un repentino pensamiento, pero las metáforas que empleaba Jesús en sus parábolas y en sus discursos son asequibles a todos; su lenguaje no ofusca sino ilumina con sencillez y elegancia el misterio del reino de Dios.
No debo terminar sin hacer una pequeña aclaración. Los repentinos pensamientos no suelen hacer acto de presencia en mi horizonte mental, por lo que me identifico más con el segundo verso del soneto de John Clare:
«Y la garza lenta como si pudiera ser atrapada».