La angustia de Jonás Cuestiones de Palabras (35).
por S. Stuart Park Valladolid, 23 de Enero de 2026
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Jack M. Sasson |
Podría pensarse que tras su traumática experiencia en el mar Jonás fue a Nínive obligado, víctima de una macabra maniobra de coacción por parte de Dios, aterrado ante la posibilidad de que si no obedecía le pudiera pasar algo peor. No hay nada más lejos de la verdad. Jonás es un hombre piadoso y temeroso de Dios, valiente y comprometido con la verdad. No viajará a Nínive por miedo, sino motivado por un deseo profundo de hacer la voluntad de Dios, cueste lo que cueste. Jonás fue, no por su propia voluntad, sino por mandato de Jehová, y predicó en Nínive, y se convirtió la ciudad entera (cap. 3).
Para asombro de muchos, Jonás, ante el éxito abrumador de su misión en Nínive, lejos de sentir alivio o satisfacción, se derrumbó anímicamente, y se quería morir. La actitud del profeta, que parece dar al traste con cualquier valoración positiva de su comportamiento, ha generado todo tipo de descalificaciones por parte de muchos, que confirma su diagnóstico de Jonás como un hombre egoísta, racista y petulante. Dice el texto: «Pero Jonás se apesadumbró en extremo, y se enojó» (4:1). Gran parte del problema gira en torno al significado del verbo traducido «se enojó» (iratus est en la Vulgata). Pero existe una traducción alternativa radicalmente distinta, más verosímil a nuestro entender.
Según el erudito Jack M. Sasson, la voz hebrea traducida «se enojó» sostiene una amplia gama de significados, todos ellos expresivos de emociones fuertes, que abarcan desde el enojo hasta la angustia o la tristeza extrema. Según Sasson, en la tradición bíblica la ira no suele inspirar a la oración, y este autor opta por interpretar que se trata de un estado anímico producido por una pena profunda (los traductores de la Septuaginta, la versión griega del A.T., llegaron a idéntica conclusión). Jack M. Sasson, un estudioso judío de origen iraquí, explica que se trata del sentimiento que invadió el alma del Salvador en Getsemaní, y que Jesús hizo suyas las palabras de Jonás: «Mi alma está triste hasta la muerte» (Mr. 14:34). Confieso que me emocionó profundamente leer la explicación de un hombre ajeno a la fe de Cristo, y creo que tiene toda la razón.
¿Por qué se derrumbó Jonás? El autor no lo dice. Pero está claro que una sombra perturbaba su paz. Al ver el arrepentimiento de los ninivitas, Jonás oró al Señor y dijo: «Ahora, oh Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? Por eso me apresuré a huir a Tarsis; porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal. Ahora pues, oh Jehová, te ruego que me quites la vida; porque mejor me es la muerte que la vida». La causa de la reacción de Jonás emerge: conocedor de la misericordia de Dios y al ver el arrepentimiento de Nínive, temía por su pueblo, el pueblo de Israel, rebelde siempre, y duro de cerviz. Por eso quiso morir; por eso no quiso volver a su tierra.
Nos falta considerar, para finalizar nuestro breve recorrido por la historia de Jonás, las implicaciones para nuestra propia fe de la experiencia del «profeta menor» según el índice de nuestras Biblias, pero solo por la extensión del libro que lleva su nombre, no por su lugar en la historia de la Salvación.
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COMENTARIOS DE LOS LECTORES: 1
23/01/2026 Leyendo y disfrutando de tu blog. Tenemos que hablar de Jonás.Miguel Ángel PRADO RODRÍGUEZ El Pedroso |
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