por S. Stuart Park
Nos encontramos, sin buscarlas, con curiosas simetrías que hilvanan estos últimos artículos que por involuntarias nos proporcionan una pequeña satisfacción. Dylan Thomas, al igual que Robbie Burns y Rosalía, fue una figura icónica de otra cultura «minoritaria», la galesa y que también murió joven dejando un gran impacto cultural. Y si Rosalía visitó con frecuencia Simancas, un bonito pueblo que se encuentra a unos pocos kilómetros de nuestra casa en Valladolid (al final de la carretera que dio nombre a esta editorial) ya que su marido trabajó en el Archivo General, Francis Thompson, nuestro próximo poeta, nació en Winckley Street en Preston donde mi hermana Susan asistió al colegio en su niñez. Son cosas sin importancia que alivian, de vez en cuando, el tedio de nuestra rutinaria cotidianidad.
Francis Thompson (1859-1907) un hombre de débil salud que se hizo adicto al opio que tomó para aliviar un problema nervioso que padecía, ha dejado un poema que se hizo muy famoso en su día y ejerció un influjo poderoso en escritores como G.K Chesterton, J.R.R. Tolkien y C.S. Lewis. Su padre, un médico convertido al catolicismo, le envió con 11 años a un seminario cerca de Durham. Estudió medicina en Manchester, pero huyó a Londres donde vivió en la calle antes de ser reconocido como poeta. Su poema más famoso, titulado ‘The Hound of Heaven’ ha sido traducido como ‘El lebrel del cielo’ (publicada por ‘Dichosa Ventura’). Describe la manera en que sintió que Dios le «persiguió» hasta encontrarle en su miseria y desesperación, ya que había contemplado el suicidio. Comienza así:
Le huía noche y día
a través de los arcos de los años,
y le huía a porfía
por entre los tortuosos aledaños
de mi alma y me cubría
con la niebla del llanto
o con la carcajada, como un manto.
He escalado esperanzas,
me he hundido en el abismo deleznable,
para huir de los Pasos que me alcanzan:
persecución sin prisa, imperturbable,
inminencia prevista y sin contraste.
Los oigo resonar…. y aún más fuerte
una voz que me advierte:
Todo te deja porque me dejaste.
Un poderoso testimonio, y agradezco, al igual que mis lectores, no lo dudo, la ayuda de la citada versión en castellano.