por S. Stuart Park
La vuelta de la golondrina tras su largo viaje desde África, la voz del cuco que retumba por bosques y praderas al principio de abril, el veloz vuelo azul cobalto del martín pescador sobre la superficie cristalina del agua, augurios son de un futuro mejor, y remembranzas de un pasado lejano que no retornará.
La inmutabilidad de las aves en su milenario atuendo y el murmullo incesante del río en su eterno curso hacia el mar, contrastan con la brevedad de nuestro fugaz paso por el mundo. Cuando me asomo, año tras año, por el puente sobre el río en la entrada de nuestro pueblo en Asturias, allí están la hermosa trucha que ha esquivado a los pescadores del lugar, el mirlo acuático que se zambulle una y otra vez en la corriente en busca de comida, y la garza que levanta su vuelo silencioso al claror del día.
Al verlos, siento el paso inexorable del tiempo y me asombro con el salmista cuando planteó el misterio de la vida breve del hombre sobre la tierra:
Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos,
La luna y las estrella que tú formaste,
Digo: ¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria,
Y el hijo del hombre, para que lo visites?
(Salmo 8:3).
La vida breve: así titulé un libro sobre Eclesiastés (2014), cuyo sabio narrador, el Predicador (
Qohélet en hebreo), reflexiona sobre lo pasajero de la vida, y la frustración que embarga a todo ser humano bajo el sol.
Vanidad de vanidades, todo es vanidad constituye el leitmotiv que vertebra su extraordinario «sermón». «Vanidad» traduce
hebel, una voz hebrea que significa aire o vapor, y representa, según el contexto, algo efímero, insustancial, irrealizable, incluso incomprensible.
La vida del hombre es
hebel; las palabras humanas lo son, y la belleza física, que no dura, lo es también. Los gozos y los éxitos humanos son
hebel, y lo es la juventud. Se trata de cosas que no pueden ser retenidas para siempre, e incluye cualquier actividad que no puede llegar a culminarse, y los asuntos que no alcanzamos a entender son
hebel, cosas que se escapan a nuestra comprensión.
La traducción de
hebel como vanidad viene de la
Vanitas de la Vulgata, y nadie como Sta. Teresa ha sabido plasmar su significado con exactitud:
¿Ves la gloria del mundo?
Es sombra vana.
Nada tiene de estable,
Todo se pasa.
Qohélet no cede al desespero ni se entrega al pesimismo, sin embargo, y ve en la vanidad de la vida la clave de la sabiduría. Intentaremos seguir el hilo de su pensamiento, para que la hermosura y la vitalidad del mundo natural sirvan, no de motivo de tristeza, sino de gratitud, incluso de celebración.