Si perezco, que perezca Reyes y reyezuelos (42)
por S. Stuart Park Valladolid, 18 de Marzo de 2022
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Memorial judío, Kiev |
Estas palabras, que definen a Ester como mujer valiente y comprometida, la identifican también como salvadora de su pueblo y su historia entronca, por ende, con los grandes hitos salvíficos de la Biblia. La carga teológica de Ester es inmensa, un hecho llamativo ya que en el libro no aparece el nombre de Dios.
Otras mujeres ilustres precedieron a Ester en la Historia de la Salvación: Tamar, que se vistió de ramera para seducir a Judá y asegurar así la línea genealógica del Mesias; Rahab, la ramera, que dio cobijo a los espías enviados por Josué a Jericó y facilitó por su fe la entrada de Israel en Canaán; y Rut la moabita que se acostó junto a Booz de noche en la era y vino a ser antecesora de David. Sus nombres figuran en la línea regia de Cristo (Mt. 1), predecesoras de la Virgen Madre de Jesús, «bendita entre todas las mujeres», cuya «simiente» vino a dar cumplimiento a la promesa dada por Dios en el Edén (Gn. 3:15).
Hay quienes piensan que la orden de Amán de «destruir, matar y exterminar a todos los judíos, jóvenes y ancianos, niños y mujeres» (Est. 3:13) pertenece al mundo de la ficción, pero ahí están Auschwitz, Buchenwald, Treblinka y Kiev -donde los nazis mataron a más de 33.000 judíos ucranianos en solo 2 días en 1941- como testigos de la furia del antisemitismo, que perdura hoy.
A grandes males, grandes remedios, reza el refrán, y ante semejante amenaza surgió la figura de la huérfana judía Ester. ¿Cómo interpretar sus palabras? El narrador, fiel a la costumbre bíblica, no nos lo descubre. El razonamiento de su tío Mardoqueo habría hecho mella, sin duda: «No pienses que escaparás en la casa del rey más que cualquier otro judío. Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis». Pero puede haber más.
No se trata, a nuestro juicio, de un pesimismo resignado, sino de una conciencia de su lugar en la Historia. La «hora» de Ester, como la había definido Mardoqueo, recuerda la de Jesús, cuando dijo: «Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora» (Jn. 12:27).
No debemos subestimar la angustia de Cristo ante la hora de la Cruz, que «en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente» (He. 5:7). El texto refleja la gran angustia de Jesús, y la confianza de liberación que le sostuvo en medio de la muerte.
Si perezco, que perezca. Palabras que nos han remitido a Cristo. ¿Nos llevan también a la fatídica decisión de Eva en el jardín? A ella volveremos en la próxima entrega.
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