por S. Stuart Park
Este pequeño ‘soneto’, compuesto solo de sustantivos y adjetivos, describe a la perfección el verano en España, y parece unir los frutales de Andalucía con los trigales de la meseta castellana.
Frutales Umbría
cargados. sequía,
Dorados solano...
trigales.
Paleta
Cristales completa:
ahumados. verano.
Quemados
jarales... (M.Machado.‘Verano’)
Las vacaciones de verano de mi propia infancia y adolescencia se pasaron en los hermosos Lagos al norte de Inglaterra que tanta poesía romántica inspiraron -frecuentemente pasadas por agua, todo hay que decirlo-, y para recordar épocas de verdadero calor mi mente vuela a la Sevilla de Manuel Machado, a la Granada de Federico García Lorca, o al Cádiz de Rafael Alberti.
Conocí todos aquellos lugares tan emblemáticos durante los meses de julio y agosto entre 1965 y 1969, dedicado a una labor de colportor al estilo de Jorge Borrow, no en solitario como aquel ilustre aventurero, ni a lomos de mula o caballo, sino con un grupo de jóvenes internacionales que viajábamos de pueblo en pueblo en un VW típico de los años sesenta.
Recuerdo una cálida mañana de agosto tomando café en una terraza en la orilla del Guadalquivir en Sevilla; una noche tumbado sobre la piedra fresca de una cocina en Málaga incapaz de dormir por la calor asfixiante (creo recordar que en Andalucía calor es una voz femenina); y un anochecer bajo la luna en Jaén escuchando el canto de las aves nocturnas y el incesante
cri-cri-cri de los grillos.
En calores la meseta castellana no se queda atrás, pero aquellos veranos de juventud son los que para mí tipifican la estación estival en España, y de ellos hablaré en próximas entregas.