Los años sesenta Las Estaciones del Año (4)
por S. Stuart Park Valladolid, 24 de Junio de 2022
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Sevilla |
En los años sesenta, como todo el mundo sabe, el régimen de Franco tenía el control total del país, y la disidencia era duramente reprimida. La vigilancia en las ciudades era responsabilidad de la policía nacional y local, mientras que las zonas rurales estaban bajo la autoridad de la Guardia Civil.
Como nuestra literatura no podía importarse legalmente, las autoridades nos detenían con frecuencia para interrogarnos. Sin embargo, la distribución de libros religiosos no era percibida como algo importante, y creo que sentían más curiosidad que alarma al ver a jóvenes extranjeros vendiendo Biblias y Nuevos Testamentos de puerta en puerta dentro de su jurisdicción.
En una ocasión, nuestro equipo fue detenido y como responsable del grupo me llevaron a la comisaría. Un oficial de mediana edad estaba sentado en su despacho, con un joven cabo de pie a su lado, y pidió ver mis libros. Los examinó uno por uno y los colocó en una pila ordenada sobre el escritorio. «¿Qué valen?» -preguntó. El precio era evidentemente de su satisfacción, y el joven guardia recibió la orden de pagar.
Un episodio aún más curioso ocurrió en plena noche en el paso fronterizo de Irún. Habíamos forrado el suelo de la furgoneta con cajas de Biblias, cubiertas con nuestros sacos de dormir, y nos habíamos tumbado encima para dar la impresión de estar dormidos. Un diligente funcionario de Aduanas nos ordenó bajar de la furgoneta, sin embargo, descubrió las cajas y exigió ver nuestra documentación. Nos explicó que no podíamos introducir las Biblias en España sin licencia, y que esta debía obtenerse en el Ministerio de Comercio en Madrid. Nos dio instrucciones detalladas sobre dónde debíamos solicitarla cuando llegáramos a la capital. Le dimos las gracias por su ayuda, y con una sonrisa y un apretón de manos nos hizo pasar. Dejaré que el lector adivine si seguimos su consejo, o no.
Nuestra estancia en la provincia de Sevilla en agosto de 1968 coincidió con dos acontecimientos bien distintos: la invasión de Checoslovaquia por las tropas del Pacto de Varsovia que aplastó la Primavera de Praga dirigida por el líder reformista Alexander Dubček, y las apariciones de la Virgen a unas niñas cerca de Utrera.
Pasábamos una tarde por un prado cerca del pueblo de El Palmar de Troya, una finca llamada La Alcaparrosa, donde un grupo de personas, mirando las ramas de un árbol, formaban corro esperando una nueva aparición. El movimiento palmariano, como se conoció, se constituyó más tarde como la Orden de los Carmelitas de la Santa Faz, y llegó a canonizar a Francisco Franco, Luis Carrero Blanco, José Antonio Primo de Rivera, y a Monseñor Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, entre otros. El autodenominado Papa Clemente y los obispos que ordenó fueron posteriormente excomulgados por orden del Vaticano.
¿Merece la pena rememorar estas anécdotas ahora? Forman parte de nuestra juventud, y el paso del tiempo no borra su recuerdo.
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