Veraneo en los Lagos Las Estaciones del Año (5)
por S. Stuart Park Valladolid, 01 de Julio de 2022
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Grasmere desde Red Bank |
Dejando momentáneamente los calores de España, recordaré nuestros veraneos de familia en Inglaterra. Mi padre disponía de tan solo una semana de vacaciones al año, en el mes de julio, y la pasamos siempre en los Lagos, una región llamada la Pequeña Suiza en las guías turísticas del país, a unos ochenta kilómetros de casa, una región de lagos hermosos y verdes valles con laderas cubiertas de helechos donde pastaban rebaños de una raza autóctona de ovejas, y cristalinos ríos trucheros.
La semana en los Lagos empezaba el lunes por la mañana con una caminata de cuarenta minutos hasta la estación de Preston para coger el tren de las 7.24 hacia Windermere, volviendo en el de las 17.30, para llegar a casa sobre las 8. Para ello, se compraba un bono para la semana, lo que hacía que el viaje fuera razonablemente económico.
Hubo momentos de tensión durante el viaje, como era de esperar tratándose de una excursión familiar. El tren hacía varias paradas breves camino de Windermere, y mi padre aprovechaba la espera un poco más larga en Carnforth para tomarse una taza de té (en la cantina que aparece en la clásica película ‘Breve encuentro’).
A medida que pasaban los minutos, mis dos hermanos y yo nos íbamos poniendo cada vez más nerviosos, temiendo que no llegara antes de la salida del tren. En el momento en que sonaba el silbato y la locomotora se ponía en marcha, mi padre aparecía, ante un aluvión de críticas, plenamente consciente de nuestra ansiedad, pero totalmente entregado a su breve encuentro con la taza de té.
Mis padres amaban los Lagos, como ya he dicho, y mi madre contemplaba el pequeño lago de Grasmere desde la ladera de Red Bank (llamada así porque los helechos se ponían rojos en otoño), la vista más hermosa de toda Inglaterra según el poeta William Wordsworth, mientras mi padre encendía su estufa de alcohol metílico para prepararse (lo habréis adivinado) una taza de té.
Grasmere es un precioso lago celebrado por los llamados ‘poetas de los lagos’, Wordsworth, Coleridge y Southey, y por el filósofo y crítico de arte John Ruskin. La vista hizo llorar a mi madre, y la belleza del lugar removió algo en lo más profundo de su ser. Verna y yo pasamos nuestra luna de miel en los Lagos, y hemos vuelto con frecuencia para visitar a mi hermana y su marido que viven allí.
Como pueden imaginarse mis lectores, el contraste entre aquella bucólica región y el verano en Écija o Coín es marcado y, si bien a veces pienso que los españoles solo son verdaderos españoles en verano con las terrazas llenas, los patios llenos de flores y las playas tostadas por el sol, confieso que me siento más tranquilo cuando sopla una leve brisa bajo un cielo salpicado de nubes blancas, en medio de la verde campiña, como la de mi niñez.
Decía que siempre pasamos las vacaciones de verano en los Lagos, pero en una ocasión, no sé por qué motivo, se decidió, en contra de la voluntad de mi padre, que iríamos a alquilar una caravana cerca del mar en Bridlington, en la costa del condado de Yorkshire. Casi inevitablemente, todo salió mal, y allí lo dejaremos, para volver a mis veranos en los Lagos.
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