por S. Stuart Park
El calor del sol puede ser letal y, para refugiarnos de sus rayos buscamos la sombra, frecuentemente empleada en la Escritura como símbolo de la protección de Dios, especialmente en la poesía bíblica, como es natural.
La poesía hebrea no emplea la rima, ni una métrica regular como la que se encuentra en la poesía latina y griega, sino que se basa fundamentalmente en el paralelismo semántico o en la concatenación progresiva de elementos tomados de la vida natural. Pongamos por ejemplo el siguiente fragmento de Isaías, donde pasamos del viento huracanado a un tiempo de calma, igualmente peligroso, de sequedad y exposición al sol:
«He aquí que para justicia reinará un rey, y príncipes presidirán en juicio. Y será aquel varón como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión; como arroyos de aguas en tierra de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa» (Is. 32:1-2).
El ingenio del autor consiste en identificar fenómenos naturales como el viento, el turbión, la sequedad o la sombra, con el venidero Mesías, y en el Nuevo Testamento Cristo es presentado como la Roca de nuestra Salvación.
Otro poeta bíblico habla de Dios como sombra y castillo, en un Salmo muy citado en tiempos de peligro:
El que habita al abrigo del Altísimo
Morará bajo la sombra del Omnipotente.
Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío;
Mi Dios, en quien confiaré.
(Salmo 91:1-2).
El erudito Derek Kidner, autor de un magnífico comentario sobre los Salmos y a quien tuve la fortuna de conocer en los años de la universidad, ha destacado el valor providencial del arte de la poesía bíblica, en contraste con poéticas de otras culturas, un hecho que facilita su traducción a idiomas como el nuestro:
«En muchas literaturas el atractivo de un poema reside en los logros y asociaciones verbales, o en sutilezas métricas, que tienden a perder su efecto aun en idiomas similares o relacionados con el original. Pero la poesía de los salmos tiene una sencillez de ritmo y de imágenes que sobrevive aun trasplantada a casi cualquier clase de suelo. Pero, sobre todo, el hecho de que los paralelismos se refieren al sentido más que al sonido le permite lograr su efecto principal con escasa pérdida de la fuerza o de la belleza original».
Gracias al arte de los autores bíblicos podemos disfrutar de su poesía sin pérdida ni variación.