Otoño Las Estaciones del Año (14)
por S. Stuart Park Valladolid, 02 de Septiembre de 2022
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Libro abierto con candela |
José Jiménez Lozano, ‘En este otoño’. En estos breves versos evoca las imágenes que, una y otra vez, plasman su visión poética de la vida del hombre en su paso por el mundo.
¡Oh Dios, somos tan frágiles!
Una sombra de pájaro volando
es más tiempo que los días que vivimos,
una candela en medio del viento de la noche
más segura que nuestra pobre vida.
Sólo buscamos un poco de alegría,
o de descanso,
un poco de calor en el invierno,
un libro y un recuerdo.
Agustín no sabía que con cualquier cosa
el corazón se aplaca.
«¿Va muriendo?»
Tal mi pregunta y cavilación de hombre
en este otoño, en este exilio.
La vida, que pasa como una sombra fugaz y se extingue como la llama de una candela en la noche, parece dar al traste con nuestro anhelo de alegría y descanso, y el poeta busca refugio en los libros y en la memoria del pasado.
Vino a su mente el recuerdo de Agustín de Hipona, aquel que escribió en sus Confesiones: «Nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón estará inquieto hasta que encuentre descanso en ti». El poeta ironiza: ¿no sabía el gran Obispo y Padre de la Iglesia que el corazón se aplaca con cualquier cosa? Curiosa manera de acercarse al misterio del vivir y del morir, tan característica de don José.
«¿Va muriendo?» -inquiere- sin revelar el objeto concreto de su interrogante. Coloca la pregunta entre comillas, como si recordase una escena o rememorase una pena, y el poeta sabe que nuestra mortalidad es origen y fuente de todas nuestras dudas y cavilaciones, motivo, a la vez, de la plegaria angustiada del inicio: «¡Oh Dios, somos tan frágiles!».
‘En este otoño’, titula su poema don José, la época propia para las cavilaciones y las melancolías, y aquellas intuiciones de inmortalidad que inspiraron la obra del poeta de Alcazarén; y en este exilio añade, como si nuestra existencia discurriera fuera de una patria, o lejos del hogar.
«Venid a mí… y hallareis descanso para vuestras almas» -dijo el Señor-, y lo sabía nuestro amigo tan ciertamente como San Agustín, pero nadie como él ha sabido expresar con tanta delicadeza y con mayor poder de evocación este otoño, este exilio, que es la vida del hombre en la tierra: como una sombra de pájaro volando, como la luz de una candela en medio del viento de la noche.
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