Drama otoñal Las Estaciones del Año (16)
por S. Stuart Park Valladolid, 16 de Septiembre de 2022
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Urraca |
El apacible otoño produce belleza y melancolía, pero también drama, a veces, y para muestra este inesperado botón.
Cuando cae la temperatura exterior los pájaros buscan refugio en lugares protegidos que les proporcionen cobijo y calor. Es frecuente que el petirrojo o el gorrión busquen refugio en el porche de nuestra casa en Valladolid, y al no encontrar la salida necesitan ser rescatados, como he mencionado en alguna ocasión. Se trata de pequeños incidentes, ciertamente entrañables, que no pasan a mayores, y son recordados con cariño.
Una mañana, sin embargo, se produjo un drama, más bien un auténtico dramón: una urraca quedó atrapada en el porche (a lo mejor había entrado en busca de las manzanas que ahí estaban guardadas), y no hacía sino dar cabezazos contra el cristal. Pica pica se llama en latín, y sus frenéticos picotazos resonaban como latigazos en la entrada de la casa.
La liberé con la probada estrategia de la toalla que, al cubrirla, produce un efecto sedante: se queda inmóvil, temiendo lo peor. Al soltarla por el jardín la urraca huyó despavorida para posar en un cable de telefonía donde comenzó a emitir un torrente de graznidos, chillidos más bien, que duró casi una media hora sin parar.
Tal fue el escándalo que otras urracas, una docena en total, atraídas por los gritos de angustia de su congénere, acudieron para añadir sus propios graznidos al alboroto general, volando alocadamente de acá para allá, sin saber de qué iba a la fiesta su ultrajada compañera, y el espectáculo se parecía más a una sesión de la Cámara de los Comunes que a una asamblea aviar.
Las urracas no gozan de buena fama, todo hay que decirlo, porque expolian los nidos de pájaros pequeños, y su porte es un tanto arrogante cuando andan por el jardín. Me he acordado de su primo el arrendajo (Garrulus en latín, y no es necesario preguntar por qué). Lo vemos mucho por Asturias, y le tengo en mayor estima que la urraca, aunque también es dado a robar nidos. Se trata de un ave muy hermosa, y sus plumas azul celeste son empleadas para adornar sombreros femeninos y atuendo militar.
El arrendajo también grazna como su prima, y es muy huidizo, pero en su honor recordaré que al poeta William Cowper los arrendajos que le regalaban los aldeanos le deleitaban en su profundo abatimiento espiritual, y en escala menor, quedé confortado por la proximidad de un arrendajo que se acercó sin miedo alguno en un bosque en el verano de 1989 en El Escorial, cuando yo también padecía depresión.
El episodio de la urraca vecina ha sido motivo de entretenimiento y reflexión, y si lo he relatado aquí es porque poner por palabras lo que nos pasa, nos define como seres humanos, a diferencia de Pica y Garrulus; aunque garrulos hay entre nosotros que parecen no cerrar el pico nunca.
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