El arrendajo Las Estaciones del Año (17)
por S. Stuart Park Valladolid, 23 de Septiembre de 2022
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Arrendajo |
No todos los pájaros gozan de gran prestigio, pero son respetables y dignos de nuestra protección. «Cuando anida el milano, vigila tus paños menores» advirtió William Shakespeare en El Cuento de Invierno, ya que las aves de tamaño grande aprovechan cualquier trapo que encuentren para revestir su propio nido; lo hacen movidas por el instinto y si nos descuidamos, no nos podremos quejar.
El arrendajo, como su prima la urraca, tampoco es muy popular, ya que roba nidos, pero en su honor haré referencia a un artículo publicado en The Guardian, que bien merece nuestra atención.
Según su autor, más de la mitad de los árboles de los nuevos bosques de las tierras bajas de Inglaterra no han sido plantados por terratenientes, organizaciones benéficas o máquinas, sino por arrendajos, y no han necesitado protectores de plástico, riego o una gestión costosa.
Antiguos campos de cereales se han convertido rápidamente en bosques autóctonos gracias a la regeneración natural. Los zorzales esparcen semillas de zarza, espino negro y espino blanco, y este matorral proporciona «guardianes» naturales de árboles espinosos para los robles que crecen a partir de las bellotas enterradas en el suelo por los arrendajos y las ardillas.
Según el artículo se trata de «un fantástico ejemplo de cómo los árboles se plantan por sí mismos con la ayuda del viento, de los pájaros y de los mamíferos. Los pequeños forestales emplumados y peludos que hacen su trabajo significan que no hay necesidad de las habituales excavaciones invasivas, tubos de plástico o arbolitos importados. Además, no hay riesgo de importar enfermedades, no hay costes y los bosques están llenos de una maravillosa vida silvestre, como insectos polinizadores, plantas silvestres y muchas aves, entre ellas currucas y carriceros. La recuperación natural de los bosques también atrapa el carbono y puede ayudar a reducir el riesgo de inundaciones».
Lo cierto es que, si bien no hay nada más hermoso que un cuidado jardín, la naturaleza, dejada sola, hace maravillas. No vemos lo que hay debajo de la superficie, ni conocemos la actividad incesante de la fauna y la flora de nuestros bosques, y las semillas enterradas tan solo duermen, en espera del momento propicio para ser fecundadas y brotar con nueva vida en todo su esplendor.
Sobre ello S. Pablo escribió un capítulo maravilloso (1 Corintios 15), pero nosotros nos limitaremos a rendir tributo al arrendajo que, sin saberlo, ha plantado un bosque para cobijo y abrigo de muchas criaturas, grandes y pequeñas, y para alegría nuestra, también. Garrulus es su nombre, pero la callada labor que realiza bien merece nuestro reconocimiento y nuestra admiración.
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