por S. Stuart Park
Hermosa tierra de España! Así concluyó Antonio Machado su poema ‘A orillas del Duero’, en el que ensalza la mística primavera de Castilla. Y cuánta razón tenía:
Se ha asomado una cigüeña a lo alto del campanario.
Girando en torno a la torre y al caserón solitario,
ya las golondrinas chillan. Pasaron del blanco invierno,
de nevascas y ventiscas los crudos soplos de infierno.
Es una tibia mañana.
El sol calienta un poquito la pobre tierra soriana.
Pasados los verdes pinos,
casi azules, primavera
se ve brotar en los finos
chopos de la carretera
y del río. El Duero corre, terso y mudo, mansamente.
El campo parece, más que joven, adolescente.
Entre las hierbas alguna humilde flor ha nacido,
azul o blanca. ¡Belleza del campo apenas florido,
y mística primavera!
¡Chopos del camino blanco, álamos de la ribera,
espuma de la montaña
ante la azul lejanía,
sol del día, claro día!
¡Hermosa tierra de España!
Al subir por Tierra de Campos hacia Asturias por la carretera de León bendicen la vista los sembrados que tapizan de verde los otrora parduscos terrenos, y los árboles muestran la frescura de sus hojas nuevas al saludar la primavera.
Los milanos reales realizan piruetas acrobáticas entregadas a sus paradas nupciales, y todos los pájaros buscan pareja. Entre los chopos del río el canto de ruiseñores, zorzales, petirrojos y currucas llena el aire de música: es la época de emparejamiento y territorialidad. Pronto vendrán los vencejos y las golondrinas, aves que recorren miles de kilómetros desde sus cuarteles de invierno en África.
El cambio de estación marca el paso inexorable de los años, pero en su nuevo ciclo trae esperanza y revitaliza el mundo tras su largo letargo invernal. Es como si la Naturaleza dormida despertase de repente, como si resucitase a nueva vida, y el paralelismo con la Resurrección de Cristo es evidente, como hemos sugerido en un artículo anterior.
La mañana de la Resurrección fue escenario del suceso más maravilloso de la Historia. Un sepulcro cavado en la roca entre los árboles de un huerto fue encontrado vacío por unas mujeres que fueron a embalsamar el cuerpo muerto de su amado Maestro al romper el alba, y descubrieron que el cuerpo no estaba allí. Las estaciones se suceden y la Naturaleza se renueva otra primavera más, pero la Resurrección de Cristo abrió de par en par las puertas de la eternidad.