por S. Stuart Park
Para personas no instruidas en Botánica, es decir, la descripción, clasificación, distribución, identificación, el estudio de su reproducción, fisiología, morfología, relaciones recíprocas, relaciones con los otros seres vivos, etc., la aparición de vida nueva en primavera nos supone un misterio profundo. El novelista y poeta Thomas Hardy (1840-1928) captó su asombro en un pequeño poema titulado ’El despertar del año’.
Su segunda estrofa reza así:
¿Cómo sabes, en lo más profundo de la tierra,
escondido en tu cama de la vista y el oído,
sin un giro en la temperatura,
con un tiempo la vida apenas puede soportar,
que la luz ha ganado una fracción de fuerza,
y el día se ha alargado algunos momentos,
de los que en mera rutina vendrá,
en semanas, aires suaves que no entumecen?
Oh, raíz de crocus, ¿cómo lo sabes?
¿Cómo lo sabes?
Lo cierto es que la raíz de crocus lo sabe perfectamente, y está claro que la Naturaleza sabe cosas que los mortales ignoramos en nuestro ir y venir por el mundo. Es evidente, también, que nosotros sabemos cosas que solo un ser humano puede saber, y de todas ellas, las más misteriosas son las que pertenecen a la esfera espiritual, de cuya realidad solo poseemos un conocimiento borroso y parcial. Lo dijo Pablo:
«Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido» (1 Co. 13:12).
Tenemos un conocimiento borroso y parcial, pero más que suficiente para proporcionar una base sólida para la fe, una roca que resistirá los embates de la duda y la perplejidad. El propio Pablo sufrió penalidades en su afán de predicar el evangelio, seguro de que su fe permanecería firme hasta el fin, y escribió:
«Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día» (2 Timoteo 1:12).
Hay certezas espirituales que solo conoce la fe. ¿En qué se basan? Surge, por tanto, la pregunta: ¿Cómo lo sabes, Pablo? ¿Cómo lo sabes? A pesar de la feroz persecución que sufrió, y el abandono de los suyos, el apóstol no vaciló en su fe firme en el Señor.
La fidelidad de Dios era su garantía, y quien haya conocido a Cristo sabe que no le defraudará jamás.