por S. Stuart Park
La primavera despierta en el mundo aviar un deseo irreprimible de cantar a pleno pulmón desde altas horas de la madrugada, como sabe todo hijo de vecino que es despertado por el poderoso canto del mirlo a las cuatro de mañana. No sé lo que piensan los pájaros que quieren seguir durmiendo: (
¡Por qué no te callas! ̶ les oigo decir para sus adentros), pero a mí el canto del mirlo me llena de placer, antes de volver a entregarme al sueño reparador.
El fenómeno se llama ‘el coro del amanecer’, cuando los pájaros cantan al comienzo de un nuevo día. En los países templados es más evidente en primavera, cuando los pájaros defienden un territorio de cría, intentan atraer a su pareja o llaman a la bandada. Las distintas especies realizan sus cantos al amanecer en momentos diferentes.
El Día Internacional del Coro del Amanecer (International Dawn Chorus Day) tiene lugar cada año el primer domingo de mayo desde su inauguración en Reino Unido en 1987, y es seguido por millones de amantes de los pájaros en todo el mundo. Desde entonces se han producido estudios científicos para tratar de entender (sin éxito) por qué los pájaros saludan el amanecer, y se han catalogado el orden de su intervención en la gran sinfonía aviar. En Inglaterra (por si les pudiera interesar) el orden es el siguiente: primero el mirlo (faltaba más), seguido del petirrojo, chochín, cárabo, pinzón, faisán, currucas y mosquiteros, zorzal, verderón y jilguero.
El pintor valenciano José Saborit en su libro
Perspectiva aérea ha descrito el fenómeno a la perfección: «Al amanecer, las aves pronuncian el misterio del mundo, que es la luz. Y lo pronuncian con júbilo».
En el lenguaje poético del libro de Job se celebra el día de la Creación «Cuando alababan todas las estrellas del alba, / Y se regocijaban todos los hijos de Dios» (38:7). El autor de Génesis es más sobrio, pero nos imaginamos que formuló estas palabras inmortales con la respiración contenida y una emoción profunda:
En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día (Génesis 1:1-5).
Estos versos, y los siguientes, fueron leídos (en versión de la Biblia del Rey Jacobo) por la tripulación del Apolos 8 en la Nochebuena de 1968 mientras orbitaban la luna, y se calcula que mil millones de habitantes de la Tierra los escucharon, es decir, uno de cada cuatro habitantes de nuestro planeta.
¿Por qué canta el coro del amanecer? ¿Quién sabe si el mirlo y la curruca, el cárabo y el pinzón, el petirrojo y el jilguero, no reconocen aquella Voz, y con las estrellas del alba saludan con júbilo el misterio del mundo, que es la luz?