por S. Stuart Park
No ha sido nuestra intención a lo largo de estos breves artículos polemizar con opiniones ajenas, y si nos hemos extendido en defensa de la resurrección corporal de Jesús es porque, según Pablo, si Cristo no resucitó, nuestra fe es vana, y aún estamos en nuestros pecados (1 Co. 15:14).
Recordemos cómo Pablo presentó la Resurrección como artículo de fe: «Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados,
conforme a las Escrituras; y que
fue sepultado, y que resucitó al tercer día,
conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce» (1 Co. 15:3-5).
Pablo relaciona cuidadosamente la muerte de Cristo y su vuelta a la vida tanto con las Escrituras como con los hechos materiales de la cruz y de la tumba, encontrada vacía tres días después.
El asunto no quedó allí, y Pablo recuerda las apariciones posteriores de Jesús, que confirmaron el hecho de la Resurrección para cientos de hombres y mujeres que le vieron con vida, como Lucas confirmó:
«En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido; a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios» (Hechos 1:1-4).
N.T. Wright, obispo de Durham jubilado e investigador en la Universidad de Oxford, publicó un estudio monumental (trad. esp.
La resurrección del Hijo de Dios, Verbo Divino, Estella 2008), el más completo que conozco, que aporta las siguientes conclusiones:
1. Nada en el pensamiento judío contemporáneo habría preparado a los discípulos para la Resurrección. Basaron su testimonio en la tumba vacía y las apariciones.
2. La tumba vacía por sí sola solo habría generado tristeza y perplejidad. Las apariciones por sí solas podrían haberse atribuido al poder de la sugestión.
3. La tumba vacía junto con las apariciones de Jesús resucitado sí constituyeron una poderosa razón para la creencia en la Resurrección.
4. La creencia judía contemporánea hacía imposible que la creencia cristiana surgiera sin la tumba vacía y las apariciones.
5. Ninguna otra teoría de esta creencia resulta convincente.
6. Es enteramente probable, por tanto, que la tumba estuviera vacía tres días después de la ejecución de Jesús, y que los discípulos le vieron vivo y gozando de buena salud.
7. ¿Qué otra explicación puede darse para estos fenómenos, que no sea la de la resurrección de Jesús?
«Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios», Así respondió el Señor Jesús a quienes negaban la resurrección, y añadió: «¿no habéis leído lo que os fue dicho por Dios, cuando afirmó: “Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos» (Mt. 22:31-32). La última palabra se encuentra en la Palabra de Cristo, avalada por las Escrituras y el poder de Dios.