por S. Stuart Park
El texto bíblico es susceptible de ser mal interpretado, como es evidente, y ahí está el caso de Martín Lutero, cuya nueva comprensión de Romanos 1:16-17 cambió el rumbo de la historia del cristianismo y del mundo. En un artículo publicado en
Contra viento y marea (47) recordamos cómo la traducción de una sola palabra transformó la comprensión del monje agustino alemán respecto del evangelio, y cuyos efectos perduran hasta hoy. La siguiente historia la debo al libro
Iustitia Dei del catedrático de Oxford Alister McGrath, a partir del célebre texto de Pablo:
«Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá» (Ro. 1:16-17).
Lutero había entendido la justicia de Dios en términos retributivos, y estaba convencido de que acarreaba su perdición. La razón no es difícil de entender: el término
iustitia de la Vulgata trae una connotación negativa, ya que en los autores clásicos como Cicerón
iustitia siempre era de signo punitivo: repartir justicia, dar a las personas su merecido, etc.
En
Iustitia Dei (1986) Alister McGrath clarifica la confusión.
Iustitia corresponde a la voz griega
dikaosyne, que a su vez traduce la voz hebrea
sedaka, siempre de signo positivo (lo justo, lo bueno, lo adecuado), es decir, su significado es salutífero, no retributivo. El contexto natural de
sedaka no es jurídico, explica McGrath, sino personal, y que tal vez por ello, el libro que más aporta al concepto de la justificación en la Biblia sea el Salterio.
La justicia de Dios trae buenas nuevas, por lo tanto, y forma la base del evangelio. La justicia de Dios que es «por fe y para fe» es la justicia de Cristo que le es imputada al hombre injusto como don gratuito, y por ello, «el justo por la fe vivirá». El descubrimiento de Lutero produjo una transformación en su manera de pensar, una suerte de nuevo nacimiento, con dramáticas consecuencias para la historia religiosa del mundo.
El descubrimiento revolucionario de Lutero acerca de la justificación por la fe se produjo al ahondar en las raíces lingüísticas de un texto de Pablo cuyo sentido había sido oscurecido por culpa de una traducción posterior.
Podría pensarse que se trata de una mera «cuestión de palabras», pero lo cierto es que la doctrina de la justificación que no había entendido Martín Lutero se expone con meridiana claridad a lo largo del Nuevo Testamento, como atestigua Pablo en todas su Cartas.
«El justo por la fe vivirá» escribió Pablo, un concepto que venía encapsulado por los reformadores bajo la sucinta frase
Sola fide (Solo por la fe). De ello hablaremos en el próximo artículo.